Dos pueblos y un festival: el Hay vuelve a Jericó

Hay Festival Jericó 2020 Jacom La Revista

Hay-on-Wye es un pueblo galés de unos 1600 habitantes. Hay algunas casitas dormilonas, una vieja iglesia, las ruinas de un castillo, una oficina postal y unas dos docenas de librerías de viejo. Hace 32 años, una familia del pueblo montó un festival a punta de ganancias de juegos de póker en el jardín de un bar. En unos años se habían movido al colegio del pueblo. Hoy es probablemente el festival literario más importante del mundo.

Por: Simón Murillo Melo | Ilustraciones: Laura Ospina Montoya

Hay esta a un océano y un poco más de distancia de Jericó, Antioquia, pero este año será la segunda edición del festival en el pueblo antioqueño. “De los tres municipios patrimoniales del suroeste, solo Jericó no tenía un evento importante. Ahora Jericó tiene festival de ideas”, dice el escritor Juan Diego Mejía. Mejía ha ocupado una serie de cargos públicos y privados en el mundo de la cultura y ahora es el encargado del Hay Festival Jericó en Comfama. Después de un viaje en el 2018 a Hay, Mejía vio en Jericó a un pueblo que podía equiparar el sentido de pertenencia que vio en el pueblo galés.

Dentro de los criterios para escoger las ciudades que albergan el Hay, uno de los más importantes es tener una tradición literaria y cultural que pueda sostener el festival. Hay festivales en Arequipa, Segovia, Querétaro, hay uno en planeación para Abu Dhabi y algunas ediciones pasadas se han celebrado en Kerala, Beirut, las Maldivas. Jericó es la grecocaldense Atenas del suroeste que fue destruida y construida de nuevo por Manuel Mejía Vallejo y donde la cantaleta de otro Vallejo se alcanza a escuchar sobre los santísimos empedrados. Un pueblo tranquilo con una arquitectura colonial habitada por los locales, un buen nivel de vida en comparación con el resto del país, varios museos, un teatro precioso y una comunidad que ha sobrevivido los embates de 50 años de guerra.

Pero sobre el pueblo flota la construcción de la mina Quebradona por la multinacional sudáfricana AngloGold Ashanti. Nombrada por Greenpeace como una de las compañías más irresponsables del mundo, activistas locales presentaron al presidente Duque un documento de 40 razones para oponerse al proyecto, en donde argumentan una serie de razones sociales, ecológicas, políticas y económicas. La oposición en Jericó es casi total. Marchas, acciones populares, tutelas, la prohibición expresa del concejo municipal con la firma del alcalde.  A pesar de que todas —o casi todas— las instituciones democráticas del pueblo han demostrado su oposición, parece que van a perder: la compañía esta esperando la aprobación del último estudio ambiental para comenzar operaciones.

“Ahora se vende la idea de que llegará la prosperidad, pero si uno analiza cualquier pueblo minero de Colombia, se ve el daño que deja la minería”, me dijo Roberto Ojalvo, un jericoano que por muchos años ha sido una de las fuerzas fundamentales de la gestión cultural en el municipio y quien gerencia su museo insigne, el Maja (Museo de Antropología y Arte de Jericó). “El fundador del pueblo le preguntaba a la gente que llegaba que qué querían hacer en este pueblo y si decían ‘quiero ser minero’, les decía que siguieran pa abajo”, subraya Ojalvo.

Las regalías proyectadas no para el pueblo, sino para Antioquia del proyecto de Quebradona solo llegarían a los 22 millones de dólares anuales, según las cuentas de la AngloGold. En Hay-on-Wye la población es la sexta parte de la de Jericó, pero los ingresos anuales solo de cuenta del Hay Festival pasan los 30 millones de dólares. El alcalde de Jericó, David Toro, recalcó la importancia del Festival y de la promoción de la cultura en su municipio: “Hay nos llena de ilusiones y de expectativas, nos da confianza de lo que Jericó es y representa (…)”. Es fácil enumerar: en Jericó hay más de 300 jóvenes vinculados a procesos culturales de la alcaldía, el carriel que el estado colombiano le regaló al Papa vino de Jericó, en el Maja se hizo una exhibición de Warhol; Ojalvo recuerda con cariño a los estudiantes de bachillerato que hacen voluntariado cultural en el Maja después del colegio: “De pronto decirlo será una tropicalada, pero yo no he visto eso en ninguna parte del mundo”.

Esa cultura se perfila como una de las fuerzas económicas más notables del pueblo. En un país donde el pasado fue derruido por la emoción de la modernidad, Jericó se sabe una ciudad vieja. Ojalvo menciona el civismo de los jericoanos como una de las fuerzas del pueblo. Un civismo que no es otra cosa que el deseo y la posibilidad de participar de la vida pública local.

Los jericoanos vivos y muertos contribuyen a la imagen del municipio. Laura Montoya, la primera santa colombiana, ha reforzado el turismo religioso en Colombia. Después de muchos años gerenciando el maravilloso museo de la Universidad de Antioquia, Ojalvo volvió al municipio para trabajar gratuitamente en el Maja; Alonso Garcés, el galerista, se ha convertido en el gran mecenas del museo. El hijo del defensor de derechos humanos Héctor Abad Gómez, el escritor Héctor Abad Faciolince, recibió en el pasado Hay una flor del municipio tras anotar con bastante obviedad que Jericó no necesitaba flores de oro.

Cuando Ojalvo habla de la solidaridad recuerda que los festivales, la vida pública y la vida misma no son reducibles a la economía.  El beneficio más tangible del arte es poder conversar. El fundador y director del Hay, Peter Florence, lo pone en estos términos: “El Hay es una fiesta y una exploración de la escritura pero también una discusión política no partidista frente a ideas radicales y contrarias.” El ocio es una interfaz entre el mundo y los sueños. Construir parte de pensar, pensar de gozar; retar lo inevitable —una mina, por ejemplo—  parte de conversar.

En el pueblo galés, un descendiente de industriales del jabón pensó que las librerías de segunda eran una alternativa local de desarrollo: Richard Booth, quien después se autocoronó rey del pueblo (“Ricardo Corazón de libro”) y nombró a su caballo primer ministro. Booth, según su propio testimonio, heredó una fortuna, hizo dos y perdió cuatro. Mejía lo considera “algo corrido de la teja” pero demostró que hasta las ideas más absurdas, precisamente por absurdas, son capaces de ser mucho más útiles que la extracción insensible. Mejía escribe: “Es hora de que entendamos el desarrollo en un tiempo mayor al corto plazo. No creamos que el desarrollo es la generación de riquezas transitorias que aniquilan los sueños de las sociedades. Esta perspectiva solo la tendremos cuando reconozcamos nuestros anhelos colectivos, los aplazados, los desconocidos, los invisibilizados por el vértigo de lo que se ha llamado ‘progreso’”.

El Hay Festival Jericó se celebrará del 24 al 26 de enero.

 

 

1 Comment

  1. Un pueblo culto no puede ser minero y menos Jericó que nutre de buena raza la estirpe antioqueña aunque algunos de desfenestran por untadas del dinero o de comodidad y se arriesgan vendernos a cambio de un enorme hueco y un pai$aje de relaves que calentará más la Tierra y afeará el Cauca suroesano.

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