Día Internacional de la Mujer: una historia marcada por luchas y reivindicaciones de libertad

Día de la mujer Jacom

Hoy, 8 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, hacemos un recorrido histórico por la consecución de sus derechos, desde la primera Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, hasta los actuales mecanismos legales de protección.

Texto por Carolina Sánchez Álvarez
Ilustraciones por Laura Ospina Montoya

Este proceso histórico, lleno de luchas y reivindicaciones en pro de la igualdad y la libertad, ha sido posible gracias a la consolidación de un movimiento social pacífico que ha venido evolucionando y creciendo conforme la sociedad se va haciendo más consciente de estos dos preceptos inamovibles que, valga la pena decir, no son exclusivos para las mujeres.

Y como bien se evidencia en este recorrido, se han hecho esfuerzos para fortalecer los marcos legales de protección a la mujer, pero falta no solo seguir avanzando en normas que propendan su libertad, sino además en la aplicación de las ya existentes. Y tal vez es aún mayor el reto en las otras esferas como la social, política, económica y, sobretodo, cultural, en cuanto a la discriminación y la violencia contra la mujer.

A 62 años de las mujeres haber obtenido el derecho al voto en Colombia, su representación en la política sigue siendo insuficiente al ser solo el 19,7% de congresistas y el 17% en asambleas departamentales, el 18% de los concejos municipales, 12% en alcaldías y el 15% en gobernaciones, como señala la ONU en su informe El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos.

“En 1991 el promedio de mujeres electas a Senado y Cámara era 7,7% y de 20.3% en 2018 (…) en resumen, el aumento de su representación en el Congreso ha sido tan solo del 15.7%, lo que, si bien es un incremento, sigue siendo demasiado lento e insuficiente”, continúa.

Y si bien para contrarrestar este fenómeno se instauró la Ley de Cuotas, esta sigue siendo poco efectiva, y tiene, además, muchas críticas desde los movimientos de mujeres por no responder a las demandas reales que se hacen para ampliar el espectro de representación de la mujer, y entender esta como una simple “cuota política”.

En el campo de la economía, por su parte, la participación laboral de las mujeres pasó del 46% al 54% entre 2008 y 2012, y se ha estancado en este porcentaje hasta hoy. Con relación a los hombres,  la brecha supera los 20 puntos porcentuales según, cita la ONU en el mismo informe, revela el Dane en el último censo del país. Por el contrario, continúa el documento, en términos de acceso a la educación, “entre 2006 y 2017 casi se duplicó la participación de la muer, pasando de 32.8% a 58.5%5 . Para 2016, 6 de cada 10 mujeres entre los 17 y 21 años estuvo matriculada en una institución de educación superior, frente a 5 de cada 10 hombres”.

 

La violencia contra la mujer

Actualmente, una de las luchas más persistentes en el mundo es la erradicación de todo tipo de violencias contra la mujer, que, como bien explican las Naciones Unidas, son diversas y perpetradas por todo tipo de actores. Y si bien desde 1981 el Derecho de las mujeres a vivir sin violencia está consagrado en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), y en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las Mujeres este sigue siendo un problema de dimensiones globales.

En Colombia, 4.2 millones de mujeres fueron víctimas del conflicto armado Según el Registro Único de Víctimas (RUV), de las cuales 3’780.677 de ellas fueron víctimas de desplazamiento; 458.781, víctimas de feminicidios; 191.784, de amenazas; 77.100, de desaparición forzada; 47.627, de pérdida de bienes muebles o inmuebles; 40.231 son víctimas de actos terroristas, atentados, combates y hostigamientos; y, 17.350 víctimas por violencia sexual.

Sumado a esto, el 24 de noviembre de 2018, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, Medicina Legal presentó un informe en el cual revelaba que para la fecha se habían presentado 103.481 casos de violencia de género, entre las que se destaca la violencia perpetrada por la pareja con 35.894 casos, seguida de la violencia intrafamiliar con 33.372 casos.

 

El camino continúa: las reivindicaciones de hoy

Actualmente una de las más fuertes demandas de los grupos de mujeres es el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y gozar integralmente de sus derechos reproductivos. En este sentido se han venido haciendo movilizaciones en el mundo para la despenalización del aborto en todos sus casos, como sucedió en Argentina durante el año pasado cuando un movimiento ciudadano muy fortalecido presionaba a al Senado para que aprobara, en un séptimo intento, la ley del aborto en este país, que finalmente no vio vía legal por una votación de 38 votos frente a 31.

Sumado a esto, han surgido iniciativas globales apoyadas en las redes sociales y en movilizaciones ciudadanas simultáneas que buscan visibilizar las problemáticas que enfrenta la mujer de hoy y concientizar a la sociedad de ellas. Este es el caso de #metoo o #niunamenos que se tomaron las redes con el fin de denunciar los abusos y acosos a los cuales han sido sometidas las mujeres por años y, normalmente, en silencio; con el propósito de seguir denunciado la violencia de género. O lo sucedido en enero de 2017 en Washington cuando medio millón de personas salieron a marchar contra los comentarios machistas del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, acompañada de marchas que sucedieron el mismo día en otras ciudades del mundo.

Y es que hoy en el mundo cada vez tienen más fuerza los movimientos feministas que propenden por una igualdad real de género y la eliminación de todas las violencias estructurales contra la mujer; pues al contrario de lo que se pueda pensar y a pesar del avance que han tenido los derechos de la mujer, falta un largo camino por recorrer y las reivindicaciones son muchas aún.

 

 


Referencias usadas para la elaboración de este artículo

El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos. ONU Mujeres – Entidad de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. 2018. En línea:

http://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20colombia/documentos/publicaciones/2018/10/onu%20mujeres%20-%20libro%20progress.pdf?la=es&vs=1830

Congreso de la República

Constitución Política Colombiana

Corte Constitucional

La política de género en el Estado Colombiano: un camino de conquistas sociales. Peláez Mejía Margarita María; Rodas Rojas Luz Stella. Editorial Universidad de Antioquia, 2002.

Naciones Unidas http://www.un.org

ONU Mujeres.  Timeline. En Línea:

http://interactive.unwomen.org/multimedia/timeline/womenunite/es/index.html#/1980

 

Bomarzo, una casa que congrega arte, cultura e historia

Bomarzo Jericó

Bomarzo es un centro cultural y de circulación de arte que llegó a Jericó por casualidad, pero que sin saberse era esperado por años. Este lugar espera convertirse en el epicentro del arte en el Suroeste antioqueño y salvar la historia que conservaba una casa vieja de Jericó, La Casa de la Joven.

Por Juliana Palacio
Ilustración: Laura Ospina Montoya

Bomarzo es un espacio que, apoyado en una convicción de mecenazgo, se convirtió en un refugio que busca acoger y congregar artistas que vean en un mismo lugar: un hogar, un taller y una galería. De este modo, las instalaciones se dividen en dos plantas: en la planta alta encontramos 35 salones, de los cuales unos se prestan para ser dormitorios de los artistas y otros, sus talleres.  Ellos no deben pagar por hacer uso de estas instalaciones. ¿Cómo se financia entonces Bomarzo? En la planta baja del centro cultural se encuentra toda la actividad comercial que hace posible el sueño que hace un año y medio empieza a hacerse realidad para Fernando Fernández, artista que da vida a Bomarzo. Así, en en el primer piso encontramos una librería de libros usados que son prestados dentro de las instalaciones, pero que también se encuentran a la venta; además, hay un espacio de cine arte, una galería donde todas las obras están a la venta—, un café, una dulcería, un bar, entre otros puntos comerciales que además de financiar el proyecto rescatan también la cultura alrededor de la cocina, el café y la dulcería que caracteriza el pueblo jericoano.

Además de ser hogar de artistas y lugar de divulgación del arte, Bomarzo es un centro cultural en todo el sentido de la palabra. Los artistas que allí se congregan asumen un papel social y educativo con la comunidad jericoana, pues dando uso a las instalaciones de Bomarzo, orientan talleres artísticos y formativos que apuestan a la potencialización del espíritu artístico de los jericoanos. Su apertura al público y al aprendizaje hace que Bomarzo se convierta en el centro cultural más importante de Jericó con extensión hacia el Suroeste de Antioquia.

Bomarzo Jericó
Bomarzo Jericó, Antioquia. Foto: Carolina Sánchez.

Dentro de las proyecciones que tiene Fernando Fernández se encuentra la posibilidad de crear alianzas con diferentes entidades, para así poder en un momento dar un apoyo salarial a los artistas alojados en Bomarzo. También espera poder brindar diferentes clases gratuitas a la comunidad jericoana orientadas por los residentes del centro, para que así, compartan con la municipalidad sus conocimientos artísticos.

¿Cómo llega Bomarzo a Jericó?

Fernando Fernández, un artista oriundo del municipio de Fredonia, Antioquia, cuenta que “andaba con su trapito tocando puertas”, pero mientras alcanzaba más éxitos no dejaba de ser consciente que varios de sus colegas, también talentosos, no habían contado con la misma suerte. Por esto decidió inaugurar la galería Arte Latino en la ciudad de Medellín. Esta buscaba recibir los cuadros de sus colegas y darlos a conocer, siendo así un apoyo para el posicionamiento de nuevos artistas. Con el paso del tiempo abrió también la Galería Cibeles y posteriormente Mundo arte | Galería.

Mientras tanto, en Jericó, Antioquia, un municipio ubicado a tres horas en carretera de Medellín, pese a ser patrimonio arquitectónico de la nación y ser la casa y cuna de la Santa Madre Laura, estaba a punto de perder una de sus instalaciones más emblemáticas: La Casa de la Joven, que con el paso del tiempo y sin que alguien limpiara el polvo y reparara las grietas, estaba determinada a un futuro nefasto pues no se contaban con los recursos para reconstruirla. Esta casa, que cuenta tantas historias jericoanas y que recibió con calor a las mujeres campesinas que querían estudiar en el pueblo y luego recibió cientos de niños y jóvenes para acompañarles en diferentes actividades culturales y formativas, estaba destinada a ser en el peor de los casos un terreno gris y baldío, un parqueadero.

Desde Medellín, el espíritu mecenas de Fernando Fernández no para y se incrementa cuando, inspirado en el libro Bomarzo del Argentino Manuel Mujica, se plantea un proyecto que parece ser ambicioso: instaurar un Bomarzo que, como en el relato pero a pequeña escala, sirva de hogar, taller, y galería para diferentes artistas del país que necesitan apoyo para posicionarse como él lo hizo en su momento, pero que a su vez sea una espacio de promoción cultural.

 

“Escribo para un mundo simple, descomplicado”: Oliva Sossa de Jaramillo

Cada pueblo tiene quién lo escriba. Oliva Sossa de Jaramillo es una de las escritoras jericoanas más importantes con cuatro libros de poesía publicados y una extensa obra inédita. Asumió los oficios de escritora y madre con el esmero de los seres creativos.

Laura Ospina Montoya

 

Oliva Sossa de Jaramillo creció con la familia del médico José Domingo Gómez Moreno, en una casa de una esquina del parque de Jericó. Era de tapia, colgaban las macetas y había una habitación del «coco», un fogón de piedra y un solar para jugar.

La casa de la esquina, escribió Oliva, tenía cuatro balcones para un lado y tres para el otro desde donde ella miraba los muchachos, escuchaba las canciones de la cantina de enfrente y veía pasar «la vida provinciana». La casa tenía un patio de abajo por donde había una puerta de abajo y entraban las personas de abajo. En el patio, los niños hacían fila los domingos para que María los bañara con sus «elementos de tortura». Trece niños llenaban la casa y gastaban el tiempo contándose historias de Los hermanos Grimm, Alicia en el país de las maravillas, Barba Azul y Alibabá y los 40 ladrones. Oliva presidía estas reuniones que fueron su primer contacto con la literatura e hizo que en las noches la casa se llenara de monstruos. Había seis habitaciones amplias y se vivía el encierro del paraíso, sin muchos medios de comunicación ni alguna guerra. Por eso en esa época «el tiempo rendía» para robar golosinas y parva trenzada, espiar a las visitas, atrapar a doce oyentes pequeños con historias de espantos autóctonos, temer al ruido de los búhos, apachurrar gusanos como máxima forma de violencia y desconocer el aburrimiento.

Luego los niños de la fila empezaron a saber cuánto era un día, cuánto medía la semana; tuvieron conciencia del tiempo. Crecieron. Oliva, la mayor de todos, dejó la casa de la esquina por un amor que vino de afuera, se casó de negro, no sabía ni cocinar y es que en la casa de la esquina, María era la que se encargaba de esos oficios «rudos».

 

Una novela

Máquinas de escribir Oliva Sossa de Jaramillo
Máquinas de escribir de Oliva Sossa de Jaramillo.

Durante la década de los setenta Oliva escribió La casa de la esquina, una novela inédita todavía guardada en una caja de cartón que contiene además toda su obra y memoria escrita. Reescrita, mecanografiada, corregida en azul, húmeda, amarilla por el tiempo. Esta novela, escribió Oliva en un papel suelto, «nos devuelve a un mundo limpio, idílico, con aromas de nardos y azucenas refrescantes, amores que devuelven al alma la inconsciencia perdida entre las brumas del televisor y la magia demoledora del computador que reproduce escenas de sexo y violencia a un mundo ávido de poder y dinero».

Esta novela contiene el material en prosa más extenso que ha escrito Oliva y cuenta su infancia al lado de doce niños en esa casa, narra cómo es llegar al «temido mundo de los adultos» y cómo otra vez, en otra casa, esta vez la suya, vuelve a estar acompañada de doce niños, todos salidos de su barriga. Este relato es filigrana de la imagen literaria hecha documento histórico. En este texto, los ojos de Oliva permancen dentro develando su mundo interior, mientras que el exterior solo aparece en lo que se mira por su ventana.

Al momento de su nacimiento, en 1928, el primer carro había llegado a Jericó en mula hacía apenas cuatro años. La luz eléctrica tenía un poco más de 20 años y solo encendían los bombillos durante la noche. Después de Medellín, Jericó fue el primer municipio de Antioquia en tener luz eléctrica, lo cual sentaría un precedente importante para el crecimiento de diferentes industrias, sobre todo textiles.

En 1930 funcionaba en el parque el Club Colombia, un lugar con «derecho de admisión reservado» que solo acogía a personas de la «alta sociedad»: políticos, empresarios o intelectuales, servía como sala de recepciones y tertuliadero literario. La entrada de las mujeres allí se consideraba inmoral e impropia. Más tarde, en los bajos de este edificio funcionó el Café femenino, el cual administraba una señora «de lo más empinado» llamada Conchita Uribe. Fue el primer café que significó para la mujer jericoana un espacio de liberación en el que el clero y una sociedad profundamente conservadora dejaban de tener relieve. Fue en esta década en la que las mujeres empezaron a concurrir otros cafés, a acceder a una educación formal y a participar en la vida pública.

Tres de los seis colegios que había en Jericó mientras creció Oliva eran femeninos: Colegio de la Presentación (1906), Colegio de María (1916) y Colegio del Perpetuo Socorro (1938). Cuenta el comunicador Nelson Restrepo Restrepo que «Todos eran privados, algunos con cierto apoyo del ente municipal con auxilios y dotación. Se accedía de manera libre, en todos se pagaba matrícula y mensualidad. Unos con mayor exigencia en libros, uniformes y elementos de estudio lo que hacía que accedieran personas de familias pudientes».

 

La infancia, Antioquia y las mujeres que escriben

Oliva Sossa de Jaramillo

Oliva Sossa de Jaramillo. Foto: costesía de la familia.

 

La infancia de Oliva estuvo inmersa, entonces, en una época de grandes cambios industriales, políticos y culturales del país. Por un lado, las ciudades más grandes recibieron el impacto de la modernización y de los movimientos liberales y por otro, se consolidaron importantes grupos de artistas e intelectuales. En Medellín, desde hacía algunos años, los Panidas ya habían provocado un alboroto en las letras de Antioquia con Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Luis Tejada y otros que sumaron trece. En 1919, La Sociedad de Mejoras Públicas convocó el primer concurso de literatura femenina en el que participaron 52 mujeres y reveló los temas, los miedos, las formas, los recursos, el humor y el conocimiento de las nuevas escritoras antioqueñas en la artesanía de las historias. Tomás Carrasquilla diría de este concurso:

 

«Para la gente filistea, rancia y pacata, que ve en las letradas algo nefando y abominable, aquel concurso asumió, desde luego, caracteres de cosa escandalosa. […] Para otros, no muy cristalizados en los en los prejuicios, aquello era un avance imprudente y prematuro, hacia un adelanto que no cabe todavía en nuestra época y en nuestro ambiente. En cambio, los espíritus nuevos, fundidos en los moldes de evoluciones y progresos, vieron en la ocurrencia algo sublime y redentor. Los más entusiastas, empero, aseguraban que no llegaría a dígito el número de producciones enviadas, creyendo no pocos en que el concurso iría a declararse desierto. ¿Qué mujeres iban a escribir en Antioquia?» (Citado en Pérez, 2000).

 

En 1922 Lola González Mesa, educadora y rectora del Instituto Central de Mujeres —el actual CEFA— y más tarde de Bellas Artes, «dijo en una conferencia dictada en el paraninfo de la Universidad de Antioquia que las señoritas de clase media, “en los últimos doce años han llevado a cabo un verdadero despertar más consciente y más lleno de deberes que cumplir. Era imposible para la mujer resignarse a llevar solamente una vida de costurero y visitas, de ser una muñeca preciosa en espera de marido, y cuando éste llegara, someterse incondicionalmente a su voluntad”» (Londoño, 2003).

Oliva era una de esas mujeres que cuando se casó no sabía ni cocinar ni coser. Cuando empezó su vida «sencilla de mujer de clase media» se encontró sin saber cómo despachar al marido —mensajero del Banco cafetero y amante de la pesca— para el trabajo. El primer día no pudo prender el fogón de la hornilla que funcionaba con carbón, le dieron las ocho de la mañana, él llegó, ella corrió y se escondió avergonzada de no saber preparar un chocolate espumoso con una arepa. Luego fueron llegando los hijos a la nueva casa, uno tras otro, cada año uno: Maria Isabel, Mariaelena, Antonio José, Carlos Eduardo, Luz María, Francisco Javier, Jorge Alberto, Álvaro, Ana Sofía, Rosalba, María Eugenia y Luz Amparo. Las últimas fueron gemelas. Mientras tanto, escribía.

«Cuando menos pensaba uno estaba durmiendo y a las dos o tres de la mañana la máquina de escribir nos despertaba: “chiqui, chiqui, chiqui”, se le vino un poema. En el bolsito no le podía faltar su libreta y su lapicero. Usted estaba hablando con ella y decía: “perdoname” y sacaba la libreta para escribir alguna cosa», cuenta su hija menor, Amparo, la que la cuida y quien además guarda como recuerdo preferido el de su madre dando clases de mecanografía en casa con cinco máquinas de escribir a las que les tapaba las teclas con esparadrapo.

Oliva trabajó como tesorera municipal, secretaria del concejo municipal, secretaria académica del Inem Roblecabildo, directora de la sección literaria del periódico Ecos del Piedras y fue miembro del Centro de Historia de Jericó. Éste último fue su casa literaria durante muchos años. En la Revista Jericó, órgano del Centro, hizo sus primeras publicaciones que con los años se acumularon volviéndose uno de los repositorios más importantes de su obra.

 

Los libros

Oliva publicó su primer libro Cuando pasa la brisa. Poemas el 26 de diciembre de 1978 a sus 50 años. En ese mismo año, la Revista Jericó, presentó una lista de 82 escritores locales y solo 7 eran mujeres entre las que se encontraba Oliva: Luz Bohorquez de Raigosa, Madre Laura Montoya, Dolly Mejía, Ruth Mesa de Isaza, Fabiola Mesa Buitrago, Oliva Sossa de Jaramillo y Luz Vallejo Zuluaga. El segundo libro, Tierra quemada, lo publicó en 1981; el tercero, Vino tinto, en 1990; y el cuarto, Me contaron las estrellas, en 1995. Todos sus libros fueron producto de una formación autodidacta en el oficio de escribir que Oliva ejercía de manera incansable. «Ella era muy independiente. El liderazgo de una mujer en ese tiempo era muy escandaloso», atina a decir Amparo sobre el hecho de que su madre todo el tiempo escribiera y que en el pueblo fuera una figura visible por eso, por asumirse como escritora, como una mujer creadora. Su esposo parece no haberlo soportado; una vez le dedicó una canción que decía «para qué los libros» y se fue. Oliva quedó al cuidado de sus doce hijos y dicho evento atravesaría el resto de su obra.

En los años noventa, Oliva, Faustina Alzate, José Jairo Peláez, y Silvio Villa, todos escritores, conformaron La Peña Literaria: un grupo de lectura y discusión de textos que además tenía por objeto una publicación mensual en papel, diseñada en máquina de escribir, llamada Luna llena. Esta revista se distribuía en fotocopias, de pocas páginas, en todo el pueblo; en la editorial reflexionaba académicamente sobre el proceso creativo de la escritura y en las siguientes páginas publicaba textos de los escritores miembros e invitados y contaba con las ilustraciones de dibujantes locales como José Jairo Peláez y Alonso Santa. “Mi mamá se sentaba con un grupito, se sentaban a tertuliar, tomaban vino. Les ofrecía algo, almuerzo y tinto. Y nosotros, chiquitas, no entendíamos nada”, recuerda Amparo de estas reuniones que precedieron los más de cien números de Luna llena.

 

Oliva Sossa de Jaramillo y Silvio Villa
Izquierda: Silvio Villa; derecha: Oliva Sossa de Jaramillo. Foto: cortesía de la familia.

Oliva hacía poesía clásica. La familia, la casa, el amor, la modernización, la injusticia, la religión y su entorno inmediato fueron los temas que abordó tanto en su obra publicada como en la que permanece inédita.“Doña Oliva le hizo poemas a todo el pueblo, por encargo o por la motivación de ella”, dice Silvio Villa quien además la recuerda como una mujer que escribía todo el tiempo, imparable en su afán creativo. Él, tanto como muchas de las personas cercanas al proceso literario de Oliva, reclaman que la mayoría de su obra no esté publicada. A menudo Oliva mencionaba la dificultad que supone la publicación de un libro por la complejidad del asunto editorial y, principalmente, porque un libro, dice ella, necesita padrinos, es decir, de unos “otros” ilustrados que avalen la obra. Oliva se cansó de eso, pero siguió escribiendo y, sobre todo, leyendo. La línea: “Escribo para un mundo simple, descomplicado” es parte de un poema que se titula “Los otros”, aparece en el libro Vino tinto (1989), y contiene la esencia de su obra que está llena de asombro por las cosas que tiene justo frente a sus ojos.

 


Referencias
Pérez Sastre, Paloma. (2000). Antología de escritoras antioqueñas, 1919-1951. Medellín: Secretaría de educación y cultura.
Londoño Vega, Patricia. (2003). La vida de las antioqueñas, 1890-1940. Banco de la República. Recuperado de http://www.banrepcultural.org/revista-72.

Memoria por correspondencia | Emma Reyes

Cuando la pintora colombiana Emma Reyes nunca pensó ni quiso ser reconocida como una gran escritora, la editorial independiente Laguna Libros publicó Memoria por Correspondencia en 2012 casi diez años después de su muerte.

Este libro recoge la historia de la infancia de la artista en 23 cartas dirigidas a su amigo, el intelectual Germán Arciniegas, en las que se revela una miseria casi divertida. La falta de comida, de luz, de agua, de amor y de todo son una constante en estas cartas que funcionan como cuentos, pero que, al contrario de generar un odio por las circunstancias, propicia la creación del mundo interior, sumamente poético y fantástico filtrado por los ojos de una niña de cinco años.

A los 20 años, Emma apenas estaba aprendiendo a escribir y luego de pasar por muchas dificultades, llegó a Argentina, se convirtió en pintora, trabajó en el taller del artista mexicano y esposo de Frida Kahlo, Diego Rivera, vivió en Italia y finalmente se radicó en París con dedicación exclusiva a su arte. Sin embargo, en Colombia su obra pictórica pasó casi desapercibida y es que durante su vida se privilegió más su historia de vida que su trabajo artístico; asunto del que siempre renegó. Uno de los artistas más importantes de nuestro país, Luis Caballero escribió una vez en un libro de Ramiro Castro que recogió textos críticos sobre la obra de Emma: “Hay pintores míticos, de leyenda. De los que se habla en torno a quienes se tejen y destejen anécdotas, pero cuya pintura se ignora. Emma es uno de ellos. Su enorme personalidad impide que se vea su obra para desventura de quienes aman la pintura. La leyenda de Emma se ha elaborado a partir de su propia vida a pesar de su obra; es por eso tal vez que su obra es ignorada”.

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