Día Internacional de la Mujer: una historia marcada por luchas y reivindicaciones de libertad

Día de la mujer Jacom

Hoy, 8 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, hacemos un recorrido histórico por la consecución de sus derechos, desde la primera Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, hasta los actuales mecanismos legales de protección.

Texto por Carolina Sánchez Álvarez
Ilustraciones por Laura Ospina Montoya

Este proceso histórico, lleno de luchas y reivindicaciones en pro de la igualdad y la libertad, ha sido posible gracias a la consolidación de un movimiento social pacífico que ha venido evolucionando y creciendo conforme la sociedad se va haciendo más consciente de estos dos preceptos inamovibles que, valga la pena decir, no son exclusivos para las mujeres.

Y como bien se evidencia en este recorrido, se han hecho esfuerzos para fortalecer los marcos legales de protección a la mujer, pero falta no solo seguir avanzando en normas que propendan su libertad, sino además en la aplicación de las ya existentes. Y tal vez es aún mayor el reto en las otras esferas como la social, política, económica y, sobretodo, cultural, en cuanto a la discriminación y la violencia contra la mujer.

A 62 años de las mujeres haber obtenido el derecho al voto en Colombia, su representación en la política sigue siendo insuficiente al ser solo el 19,7% de congresistas y el 17% en asambleas departamentales, el 18% de los concejos municipales, 12% en alcaldías y el 15% en gobernaciones, como señala la ONU en su informe El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos.

“En 1991 el promedio de mujeres electas a Senado y Cámara era 7,7% y de 20.3% en 2018 (…) en resumen, el aumento de su representación en el Congreso ha sido tan solo del 15.7%, lo que, si bien es un incremento, sigue siendo demasiado lento e insuficiente”, continúa.

Y si bien para contrarrestar este fenómeno se instauró la Ley de Cuotas, esta sigue siendo poco efectiva, y tiene, además, muchas críticas desde los movimientos de mujeres por no responder a las demandas reales que se hacen para ampliar el espectro de representación de la mujer, y entender esta como una simple “cuota política”.

En el campo de la economía, por su parte, la participación laboral de las mujeres pasó del 46% al 54% entre 2008 y 2012, y se ha estancado en este porcentaje hasta hoy. Con relación a los hombres,  la brecha supera los 20 puntos porcentuales según, cita la ONU en el mismo informe, revela el Dane en el último censo del país. Por el contrario, continúa el documento, en términos de acceso a la educación, “entre 2006 y 2017 casi se duplicó la participación de la muer, pasando de 32.8% a 58.5%5 . Para 2016, 6 de cada 10 mujeres entre los 17 y 21 años estuvo matriculada en una institución de educación superior, frente a 5 de cada 10 hombres”.

 

La violencia contra la mujer

Actualmente, una de las luchas más persistentes en el mundo es la erradicación de todo tipo de violencias contra la mujer, que, como bien explican las Naciones Unidas, son diversas y perpetradas por todo tipo de actores. Y si bien desde 1981 el Derecho de las mujeres a vivir sin violencia está consagrado en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), y en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las Mujeres este sigue siendo un problema de dimensiones globales.

En Colombia, 4.2 millones de mujeres fueron víctimas del conflicto armado Según el Registro Único de Víctimas (RUV), de las cuales 3’780.677 de ellas fueron víctimas de desplazamiento; 458.781, víctimas de feminicidios; 191.784, de amenazas; 77.100, de desaparición forzada; 47.627, de pérdida de bienes muebles o inmuebles; 40.231 son víctimas de actos terroristas, atentados, combates y hostigamientos; y, 17.350 víctimas por violencia sexual.

Sumado a esto, el 24 de noviembre de 2018, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, Medicina Legal presentó un informe en el cual revelaba que para la fecha se habían presentado 103.481 casos de violencia de género, entre las que se destaca la violencia perpetrada por la pareja con 35.894 casos, seguida de la violencia intrafamiliar con 33.372 casos.

 

El camino continúa: las reivindicaciones de hoy

Actualmente una de las más fuertes demandas de los grupos de mujeres es el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y gozar integralmente de sus derechos reproductivos. En este sentido se han venido haciendo movilizaciones en el mundo para la despenalización del aborto en todos sus casos, como sucedió en Argentina durante el año pasado cuando un movimiento ciudadano muy fortalecido presionaba a al Senado para que aprobara, en un séptimo intento, la ley del aborto en este país, que finalmente no vio vía legal por una votación de 38 votos frente a 31.

Sumado a esto, han surgido iniciativas globales apoyadas en las redes sociales y en movilizaciones ciudadanas simultáneas que buscan visibilizar las problemáticas que enfrenta la mujer de hoy y concientizar a la sociedad de ellas. Este es el caso de #metoo o #niunamenos que se tomaron las redes con el fin de denunciar los abusos y acosos a los cuales han sido sometidas las mujeres por años y, normalmente, en silencio; con el propósito de seguir denunciado la violencia de género. O lo sucedido en enero de 2017 en Washington cuando medio millón de personas salieron a marchar contra los comentarios machistas del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, acompañada de marchas que sucedieron el mismo día en otras ciudades del mundo.

Y es que hoy en el mundo cada vez tienen más fuerza los movimientos feministas que propenden por una igualdad real de género y la eliminación de todas las violencias estructurales contra la mujer; pues al contrario de lo que se pueda pensar y a pesar del avance que han tenido los derechos de la mujer, falta un largo camino por recorrer y las reivindicaciones son muchas aún.

 

 


Referencias usadas para la elaboración de este artículo

El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos. ONU Mujeres – Entidad de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. 2018. En línea:

http://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20colombia/documentos/publicaciones/2018/10/onu%20mujeres%20-%20libro%20progress.pdf?la=es&vs=1830

Congreso de la República

Constitución Política Colombiana

Corte Constitucional

La política de género en el Estado Colombiano: un camino de conquistas sociales. Peláez Mejía Margarita María; Rodas Rojas Luz Stella. Editorial Universidad de Antioquia, 2002.

Naciones Unidas http://www.un.org

ONU Mujeres.  Timeline. En Línea:

http://interactive.unwomen.org/multimedia/timeline/womenunite/es/index.html#/1980

 

Bomarzo, una casa que congrega arte, cultura e historia

Bomarzo Jericó

Bomarzo es un centro cultural y de circulación de arte que llegó a Jericó por casualidad, pero que sin saberse era esperado por años. Este lugar espera convertirse en el epicentro del arte en el Suroeste antioqueño y salvar la historia que conservaba una casa vieja de Jericó, La Casa de la Joven.

Por Juliana Palacio
Ilustración: Laura Ospina Montoya

Bomarzo es un espacio que, apoyado en una convicción de mecenazgo, se convirtió en un refugio que busca acoger y congregar artistas que vean en un mismo lugar: un hogar, un taller y una galería. De este modo, las instalaciones se dividen en dos plantas: en la planta alta encontramos 35 salones, de los cuales unos se prestan para ser dormitorios de los artistas y otros, sus talleres.  Ellos no deben pagar por hacer uso de estas instalaciones. ¿Cómo se financia entonces Bomarzo? En la planta baja del centro cultural se encuentra toda la actividad comercial que hace posible el sueño que hace un año y medio empieza a hacerse realidad para Fernando Fernández, artista que da vida a Bomarzo. Así, en en el primer piso encontramos una librería de libros usados que son prestados dentro de las instalaciones, pero que también se encuentran a la venta; además, hay un espacio de cine arte, una galería donde todas las obras están a la venta—, un café, una dulcería, un bar, entre otros puntos comerciales que además de financiar el proyecto rescatan también la cultura alrededor de la cocina, el café y la dulcería que caracteriza el pueblo jericoano.

Además de ser hogar de artistas y lugar de divulgación del arte, Bomarzo es un centro cultural en todo el sentido de la palabra. Los artistas que allí se congregan asumen un papel social y educativo con la comunidad jericoana, pues dando uso a las instalaciones de Bomarzo, orientan talleres artísticos y formativos que apuestan a la potencialización del espíritu artístico de los jericoanos. Su apertura al público y al aprendizaje hace que Bomarzo se convierta en el centro cultural más importante de Jericó con extensión hacia el Suroeste de Antioquia.

Bomarzo Jericó
Bomarzo Jericó, Antioquia. Foto: Carolina Sánchez.

Dentro de las proyecciones que tiene Fernando Fernández se encuentra la posibilidad de crear alianzas con diferentes entidades, para así poder en un momento dar un apoyo salarial a los artistas alojados en Bomarzo. También espera poder brindar diferentes clases gratuitas a la comunidad jericoana orientadas por los residentes del centro, para que así, compartan con la municipalidad sus conocimientos artísticos.

¿Cómo llega Bomarzo a Jericó?

Fernando Fernández, un artista oriundo del municipio de Fredonia, Antioquia, cuenta que “andaba con su trapito tocando puertas”, pero mientras alcanzaba más éxitos no dejaba de ser consciente que varios de sus colegas, también talentosos, no habían contado con la misma suerte. Por esto decidió inaugurar la galería Arte Latino en la ciudad de Medellín. Esta buscaba recibir los cuadros de sus colegas y darlos a conocer, siendo así un apoyo para el posicionamiento de nuevos artistas. Con el paso del tiempo abrió también la Galería Cibeles y posteriormente Mundo arte | Galería.

Mientras tanto, en Jericó, Antioquia, un municipio ubicado a tres horas en carretera de Medellín, pese a ser patrimonio arquitectónico de la nación y ser la casa y cuna de la Santa Madre Laura, estaba a punto de perder una de sus instalaciones más emblemáticas: La Casa de la Joven, que con el paso del tiempo y sin que alguien limpiara el polvo y reparara las grietas, estaba determinada a un futuro nefasto pues no se contaban con los recursos para reconstruirla. Esta casa, que cuenta tantas historias jericoanas y que recibió con calor a las mujeres campesinas que querían estudiar en el pueblo y luego recibió cientos de niños y jóvenes para acompañarles en diferentes actividades culturales y formativas, estaba destinada a ser en el peor de los casos un terreno gris y baldío, un parqueadero.

Desde Medellín, el espíritu mecenas de Fernando Fernández no para y se incrementa cuando, inspirado en el libro Bomarzo del Argentino Manuel Mujica, se plantea un proyecto que parece ser ambicioso: instaurar un Bomarzo que, como en el relato pero a pequeña escala, sirva de hogar, taller, y galería para diferentes artistas del país que necesitan apoyo para posicionarse como él lo hizo en su momento, pero que a su vez sea una espacio de promoción cultural.

 

Las manos de Manuel Mejía Vallejo

Manuel Mejía Vallejo dibujante

Andrea Uribe Yepes

El escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo tenía un impulso innato a hacer oficios manuales; el dibujo y la talla hicieron parte de su rutina.

Manuel Mejía Vallejo nació en Jericó, Antioquia, el 23 de abril de 1923. Las montañas de la tierra en la que creció y las imágenes de ríos brumosos que bajaban de la Cordillera Central fueron inspiración para su literatura y las guías para lo que hacían sus manos. Aunque su  quehacer artístico estuvo siempre vinculado a la escritura, su formación y su cotidianidad estuvieron encaminados a las bellas artes y las artesanías. De su origen montañero, que lucía con orgullo, se trajo la contemplación, su amor por las fincas acompañadas de buena música y mucho ron y la necesidad imperiosa de usar sus manos y volcarlas en diferentes oficios; él escogió tallar juguetes y dibujar.

Dibujo de animales. Manuel Mejía Vallejo.
Dibujo de animales. Manuel Mejía Vallejo. Archivo Biblioteca Pública Piloto. BPP-D-MMV-0231

Su familia estuvo siempre en contacto con el ejercicio artístico. Su hermana Rosana fue una reconocida ceramista que llegó a ganar varios premios de arte nacionales, su mamá tuvo acercamientos a la cerámica y a la pintura y su tía Jesusita Vallejo fue una gran pintora. Desde niño tuvo contacto con prácticas estéticas y eso hizo que luego de terminar el colegio en Medellín, en 1943 se inscribiera a la carrera de Bellas Artes para estudiar dibujo y cerámica. Con lo que no contaba era que su madre entregara la novela La tierra éramos nosotros al grupo de los Panidas encabezado por León de Greiff, que fuera publicada y que esto cambiara su camino para siempre.

Esto, sin embargo, no significó que dejara el impulso manual. En la casa que compartió con su esposa e hijos en el centro de Medellín, donde nunca faltaba la Coca Cola para el ron y el arroz para las tortolitas, llegaba algunos días un modelo que se ubicaba en el patio, que era el epicentro de la casa, y era retratado por Manuel y algunos de sus amigos como Óscar Jaramillo y Elkin Restrepo y su suegra Dora Ramírez, reconocida pintora antioqueña, cuenta su hija Valeria Mejía.

 

Estas tertulias fueron parte de sus actividades habituales al tiempo que se consagraba como uno de los escritores más importantes de la narrativa colombiana contemporánea. Los numerosos cuentos y poemas acompañaron a novelas como El día señalado con el cual ganó el premio Nadal en 1963, Aire de Tango con la cual recibió el Premio Bienal de Novela Colombiana en 1973 y La casa de las dos palmas que lo hizo merecedor del Rómulo Gallegos en 1988.

Le gustaba más dibujar que la pintura y la acuarela y apreciaba las formas simples; pensaba que lo fascinante del dibujo era el trabajo de síntesis: “quitarle a la realidad todo lo que sobra y dejar lo esencial”, recuerda su amigo Luis Fernando Macías. Su línea era cuidada y fina y tenía cierta fascinación por los desnudos de mujeres que resolvía con un pulso seguro y firme.

 

Aunque su pulsión creativa siempre estuvo más volcada a la escritura y su angustia permanente respondía más a la página en blanco que al lienzo crudo, ambas prácticas se complementaban y nutrían su imaginario. Ambos usaban la observación y la atención al detalle y ambos retrataban la realidad filtrada por una mirada leída, culta y siempre asombrada frente a la cotidianidad y la belleza.

Esta inclinación al dibujo no se inmiscuye como tema en su obra literaria, pero sí le fue útil. Hizo varias carátulas de libros con un trazo sencillo y se recuerda especialmente la portada del poemario Soledumbres; un azul brillante se interrumpe con el título y el crédito y en una esquina se asoma en trazo blanco delgado una mujer desnuda que mira una ventana.

Manuel Mejía también fue muy buen tallador. Cuando estudió Bellas Artes había tomado cursos de tallado de madera y dentro de su grupo de amigos estaban escultores como Edgar Negret, Oscar Rojas, José Horacio Betancur y Rodrigo Arenas Betancourt. Sus creaciones no tenían una pretensión tan rimbombante ni profesional como las de sus amigos, sino que se limitaban a crear juguetes en balso.

 

La única tarjeta de presentación que tuvo, regalo de Juan Luis Mejía, decía en letra mayúscula sencilla en color negro: MANUEL MEJÍA VALLEJO, INVENTOR DE JUGUETES, y estaba decorada con un dibujo de un caballo mecedor. Sobre todo era un apasionado por los mecanismos; le gustaba pensar en maneras ingeniosas de hacer que sus juguetes se movieran.

Dicen, que se sentaba sobre cualquier banco y tomaba pedazos de balso y los comenzaba a tallar con una navajita que mantenía en el bolsillo. Los diseños eran rústicos y modestos pero siempre con una idea específica detrás que hablaba de él y sus pensamientos. Muchos de los juguetes que hizo eran maromeros y doble maromeros: los amantes que al juntarse se besan, los gallos que pelean, boxeadores que se dan puños y toreros. Según su ex esposa Dora Echeverría, para él los juguetes eran una analogía a su pensamiento: “él tenía la visión que somos muñecos de Dios, que aunque tenemos la sensación de poder controlarlo todo, hay alguien que jala las cuerdas y define cada movimiento, como lo hacen las manos de alguien con los maromeros”.

Su fascinación con los juguetes no era únicamente en tallarlos; también solía coleccionarlos. Las figuras precolombinas, las cerámicas de Boyacá y pequeños jugueticos de diferentes técnicas artesanales eran un deleite para él. Dora Echeverría recuerda que cada que viajaban, una parada obligada eran las plazas y mercados para buscar juguetes artesanales y muñequitas para su curiosidad. Eran atesorados por él y jugados por sus hijos.

Aunque Manuel solía compartir con sus amigos y su familia las actividades que hacía, estas en las que utilizaba sus manos eran también una forma de meterse en sí mismo, una especie de meditación en la que se conectaba con sus orígenes campesinos a través del hacer y que hacía que su imaginación estuviese activa y dispuesta siempre a materializar.

Manuel Mejía murió un 23 de julio cuando tenía 75 años. Sus cenizas están en un árbol en Ziruma, la que fue su finca en El Retiro, Antioquia. Ojalá ese árbol permanezca en pié y si alguna vez se cae, que se haga con su madera juguetes que nos hablen de la vida y papel para retratarla.

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