Inicia el 4 Festival de cine de Jardín | «Sobrevivir a través de los pequeños pactos de todos los días ha sido nuestro gran patrimonio»: Víctor Gaviria

Jardín Jacom La Revista Estefanía Giraldo

Jardín es toda una paleta de colores donde fachadas y flores compiten por el prestigio de la contemplación en uno de los municipios más bellos del suroeste de Antioquia. Allí, arquitectura, objetos, artefactos, archivos y experiencias culturales son testigos del paso del tiempo, son patrimonio, así como el cine.    

Chucu-chucu, máquinas de visión, cine mudo colombiano, patrimonios rebeldes, y rock tropical hacen parte de las palabras y conceptos que componen la programación del 4 Festival de cine de Jardín. 

Por eso, a propósito de la reinauguración del Teatro Municipal, uno de los recintos culturales más importantes del pueblo, esta cuarta edición del Festival de cine de Jardín trae como tema central Cine y patrimonio: maneras de encontrarnos como una forma de entrar «a ese patrimonio sagrado que es la vida cotidiana del país antes de abismarse en esa modalidad de guerra fría que nos tocó: un conflicto de sesenta años cuyas causas continúan ahí, y no sabemos qué forma tomará en el futuro», según las palabras del cineasta colombiano y director del Festival, Víctor Gaviria. 

Y es que el hilo conductor de estos festivales ha sido justamente una apuesta por conversar sobre los escenarios pasados y posibles que han rodeado la historia de una sociedad en conflicto como la nuestra: posconflicto, tierra y democracia. Es así como este evento ha propuesto no solo una conversación que es vital sino que integra actores académicos, culturales, creativos y comunitarios para recrear, cada año, un escenario diverso. 

Jardín, Antioquia. Jacom La Revista. Estefanía Giraldo Baena
Foto: Estefanía Giraldo Baena.

En el evento de inauguración se proyectará Simón el Mago (1992), una miniserie restaurada de cuatro capítulos dirigida por Víctor Gaviria y basada en la obra homónima de Tomás Carrasquilla, Esta apertura contará además con la participación de Pala, cantautor colombiano. 

Invitados como Lisandro Duque, Pablo Mora y Gloria Triana harán parte de la programación académica del festival y actores como Humberto Dorado, Vicky Hernández y Manolo Cruz participarán en el encuentro de actores con el público.

La muestra central contará con proyecciones de películas como ¡Lumière! Comienza la aventura (Thierry Frémaux, 2016), El arca rusa (Aleksandr Sokúrov,2002) y 66 Kinos (Philipp Hartmann, 2016), entre otras. Por otra parte, la muestras alternas tendrán programación de video experimental, animación, documental y trabajos universitarios. La muestra Patrimonio cinematográfico colombiano tendrá más de diez proyecciones de filmes restaurados. Finalmente, la Muestra Nacional de Cortos Caleidoscopio proyectará 20 cortometrajes cuya premiación contará posteriormente con el concierto de Afrosound Vuelve!!!

Programación Festival de cine de Jardín

Fotografías de Estefanía Giraldo Baena.

Miriam, hacedora de ventanas

Miriam. Pregúntaselo a las flores. Laura Henao. Jacom.

Desde que empezó mi inquietud por usar las manos, tengo una colección de casas que no son mías. Cada jueves a las dos salgo para encontrarlas y entre más coloridas mejor, me siento capaz de conseguir hilos de todos los colores con tal de reproducir fielmente los paisajes. Desde que salimos de Pamplona no hago otra cosa que trazar caminos —de tela, de lana, de resina, de papel— que me lleven de regreso al hogar de mi infancia. Quinientos metros cuadrados. 500 m. Todavía me va a tomar un tiempo repasar la estructura original y replicarla junto a estas otras casas que me ha dado el camino. Ahorita mismo estoy recolectando ventanas. Ya recorté la madera que me va a servir de tablero guía e incluso armé la retícula de hilos iniciales. Ya tomé las fotos de mis ventanas favoritas, ya escogí la combinación de colores y adiviné el trazado de las formas; pero cada vez que intento empezar, la mente se me va 676 metros más arriba, se pierde en la espesura del paisaje, en la blancura de las casas, en los tejados de ladrillo asomándose entre la neblina, y hasta alcanzo a sentir el frío de mis mejores días. Cuando las nubes se dispersan logro divisar a mis hermanos jugando a lo lejos en la finca, con los cachetes rojos y las botas sucias, con las manos heladas agarrando ramas y mostrando los escasos dientes detrás de la sonrisa. Para quien no acostumbre dejar el corazón en un solo sitio es fácil pensar que todas las montañas tienen el mismo verde y que todos los pueblos se parecen, pero en el mapa de mi corazón y mi memoria podría trazar cada curva, cada piedra de cada calle, cada árbol asomado por un patio antiguo, cada aroma proveniente de Pamplona. Hace días, sentada en el comedor, miraba hacia este pueblo que no es mío (aunque me guste) y pensaba en mi condición de pasajera lejos de sus campos. 

Apenas si pude concretar un par de palabras en el pensamiento cuando me vi interrumpida por el calor y suavidad de Coco, mi gata, paseando entre mis piernas. Pensé en mi obsesión por fijar las estructuras de los sitios y en cómo ninguno me hace sentir del todo en casa. ¿Y si en lugar de trazar marcos de puertas y ventanas, trazara paisajes de pelo y garras? ¿Si en lugar de bordar una pared, insinuara la huella de una pata, una colita? Quizás el hogar no tiene que ver necesariamente con un lugar sino que es algo más lo que permite que habitar encaje. La memoria del corazón también puede trasladarse con todo y su pasado a donde se le disponga. Al menos por ahora, mientras Coco se pasee entre mis cosas, tengo la sensación de que en Jericó vamos a estar muy bien.

Texto y fotografías: Laura Henao. 

Las dos casas

Elia. Fotografía Laura Henao. Jacom.

A Jericó se lo está tragando la tierra. Las casas, de puras tristes al ver que los de siempre ya no están, se niegan a resistir el paso del tiempo y cada vez son más los lotes vacíos, invadidos por escombros y un pantano que se extiende hasta las calles. Mi jardín era el jardín más lindo de Antioquia y de tanto polvo que entra de la calle las flores hicieron huelga y se rehúsan a salir. ¿Sí ve ese plástico blanco que rodea la cocina? Esa cocina no es ni cocina, es en esencia un corredor de madera donde corría dichosa cuando era niña, bordeando con mi visión las montañas del fondo. A los ocho años no hay forma de trazar un límite entre una misma y lo otro, ahora camino por mi propia casa y a la mitad la encuentro intrusa, interponiéndose entre mi memoria y el mundo. Donde antes había una mata ahora hay un balde con pintura. Donde antes mamá colgaba fotos y porcelanas ahora hay un remedo de pared y una escalera a la espera. Atrévase a salir a la calle, en todas partes es lo mismo: Jericó tambaleando ante la ausencia de los suyos y abriendo baches (que después llenan con cemento) ante la presencia de los que quieren “innovarse”. Mi esposo tiene la misma tienda desde hace quién sabe cuánto y ese cerro de poncho que crece junto a la puerta es mi papá, el mismo que compró esta casa en el ‘79. Si me recuerdo en esa época… Si me recuerdo de niña paseando por la casa, mi figura se destraza y se pierde al cruzar la parte nueva. Si la memoria se edifica junto a los recuerdos más grandes, en esta casa he vivido mi mejor vida y por eso me contiene toda. A veces cuando me nostalgio me da por contarle a mi hija. Ella está muy contenta con el cambio, le gusta la nueva casa, piensa que es moderna y bonita. Yo pienso en el corredor de madera, en la vista, en mis flores. Le digo que donde antes era el corredor por lo menos deje una ventana que me sugiera el viejo paisaje. Y dizque sí, van a poner la ventana, pero no sé… El mundo avanza sin parar y me toca decirle a los recuerdos que sigan creciendo, pero hacia adentro. A esta casa que soy no la tumba nadie. Fíjese usted en ese brote de orégano en el patio, él es el único sobreviviente. Como él, yo también me resisto al olvido. Aquí sigo.

Fotografías y texto: Laura Henao.

Plantas, rocas y huesos leves en la obra de María Cecilia Botero Merino

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

La obra de la artista plástica María Cecilia Botero Merino materializa la levedad de elementos del mundo natural y nos habla de un paso por los tejidos de la vida y la muerte. Maya. Deidad que gobierna el sueño de la realidad. Ilusión del mundo y de la materia estará hasta el 26 de mayo de 2019 en el salón principal del Museo Maja de Jericó, Antioquia.

Por Laura Ospina Montoya
Fotografías: David Estrada Larrañeta

Al fondo de una gran sala de exposición de paredes rojas se ve lo que parece un papel tapiz y, en en las inmediaciones, una serie de partículas flotantes difíciles de enfocar. Desde la entrada se percibe la necesidad de ir a buscar la obra en silencio. Una vez se está cerca, hilos, plantas, ramas, rocas y huesos, pequeños todos, provocan una inmersión en el espacio que solo admite precisión en la mirada.

Esta obra se asemeja al instante de una detonación orgánica en el que cientos de pequeñas piezas quedaron suspendidas en el aire. Puede pensarse entonces en un bosque fragmentado y aéreo que aborda un ciclo vital hilado con detalle extremo. Por eso el espectador percibe necesariamente un gesto obsesivo en el acto de anudar, trazar, suspender. «Cuando estaba en mi taller y estaba haciendo las redes con las las piedras, me sorprendí que creando una estructura tan aérea, esta se convirtiera en un muro, en algo pesado. Se iba conformando la materia. Tengo la sensación de que la obra es una desmaterialización, como un estado anterior a la existencia, un antes de la materia», dice María Cecilia.

Durante diez días, esta artista preparó la sala en compañía de un equipo de seis mujeres y cuatro hombres que tejieron en la sala y fueron partícipes de la elaboración de esta gran malla. Durante más de un año, María Cecilia preparó el material con la meticulosidad de una taxónoma para guardar las plantas, las ramas, hacer más de mil ilustraciones botánicas, elegir las rocas y limpiar huesos de peces y de una zarigüeya.

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.
Maria Cecilia Botero Merino y sus ayudantes. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

«Con mi obra me gusta sorprender, sobre todo con las cosas que están en el cotidiano; vas caminando por la vida, súper rápido y de pronto el arte hace que vos digás: ay, un momentico. Parás, observás, das otra mirada. Entonces mi llamado es a que se mire el mundo desde otro lugar», concluye Maria Cecilia.

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.
Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

 

Bajo el lente de Gio Morales

Su trabajo ha sido reconocido mundialmente, ha recibido un sin número de galardones y ha trabajado con estrellas de talla internacional. Este hombre oriundo de Medellín, Colombia se ha ganado el respeto y la admiración de millones de personas, gracias a su talento innato y su trabajo arduo que hoy en día desempeña en una de las ciudades mas prestigiosas del mundo, Miami.

Gio Morales emigró a los Estados Unidos de América en el año 1999. Con una mochila en mano, miles de sueños y una amplia experiencia en los medios de comunicación comenzó a trabajar en importantes emisoras de la ciudad de Miami, junto a personalidades como Humberto Rodríguez Calderón más conocido como ‘El GATO’. Sin embargo su profesión era la publicidad y su sueño era trabajar en el ámbito creativo, pero lo que mas le gustaba hacer era la fotografía.

Natalia Bravo

 

 

N: Gio, ¿Cuándo decidiste dedicarte 100% a la Fotografía?
G: Estudié publicidad y la clase que más me gustaba era la de fotografía. Incluso pensaba ser fotógrafo creativo, pero un día fui al matrimonio de mi mejor amiga y me di cuenta cómo funcionaba la fotografía de bodas. Mientras trabajaba en la radio empecé a tomar cursos, aprender conceptos y desde entonces decidí enfocarme 100% en esto que me apasiona, aunque también hago de vez en cuando radio y voice overs.

N: ¿Qué es lo que mas te gusta de este tipo de fotografía ?
G: Me gusta capturar los momentos mas importantes de la vida de las personas. Ese reto de congelar los momentos que años después las novias ven y se ponen a llorar. Siempre quise causar ese sentimiento.

N: ¿Una boda que nunca olvidarás?
G: Hay una en especial. Solamente he llorado dos veces tomando fotos. En una, es una novia que esta hablando con su padre y él está llorando. Al tomar esa foto se me venían las lagrimas porque sabia la historia detrás. El padre tenia cáncer en la garganta e iba a morir. Al terminar la ceremonia, los novios salen caminando, el papa está en la primera fila de la iglesia, él quiere felicitarla pero la voz no lo deja. Yo le digo a ella que lo vea, cuando se acerca a él, lo abraza, lo mira a los ojos y se le vienen las lágrimas. El sueño de la novia era que yo pudiera tomarle fotos junto a su padre, porque sabia que no le quedaba mucho tiempo de vida.

Otra de las pasiones de Gio es viajar. Su trabajo y sus ganas de conocer el mundo le han permitido explorar países como México, República Dominicana, Puerto Rico, Bahamas, Jamaica, España, Panamá, Ecuador, Japón, China, Vietnam, Israel, Jordania, entre otros.

He estado en México nueve veces, es el país al que mas veces he ido, tanto que me siento mexicano. Cuando fui por primera vez sentí una conexión única que no he sentido con ningún otro país. Asia me encanta, tengo una fascinación con sus países. También me encantó Tailandia, su gente, sus paisajes, su cultura, su comida, la espiritualidad de la gente.

N: ¿Pero has visitado un pequeño pueblo en Colombia que tengo entendido te ha dejado fascinado en todos los aspectos?
G: A parte de la fotografía de bodas también me apasiona la fotografía de calle, ‘Street photography’ o ‘travel photography’. Cuando visité el pueblo de Jericó, en Antioquia, me enamoró que es un municipio muy pintoresco. La gente es súper amable, en cada esquina hay una historia que contar. Poder narrar sus experiencias por medio de mi lente es una experiencia increíble. Las calles empedradas, su vegetación, mas que ser el pueblo de la Santa Madre Laura, es la gente que te cautiva y como es tan colorido se lo puedes mostrar al mundo y la gente va a querer ir a conocerlo.

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