Plantas, rocas y huesos leves en la obra de María Cecilia Botero Merino

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

La obra de la artista plástica María Cecilia Botero Merino materializa la levedad de elementos del mundo natural y nos habla de un paso por los tejidos de la vida y la muerte. Maya. Deidad que gobierna el sueño de la realidad. Ilusión del mundo y de la materia estará hasta el 26 de mayo de 2019 en el salón principal del Museo Maja de Jericó, Antioquia.

Por Laura Ospina Montoya
Fotografías: David Estrada Larrañeta

Al fondo de una gran sala de exposición de paredes rojas se ve lo que parece un papel tapiz y, en en las inmediaciones, una serie de partículas flotantes difíciles de enfocar. Desde la entrada se percibe la necesidad de ir a buscar la obra en silencio. Una vez se está cerca, hilos, plantas, ramas, rocas y huesos, pequeños todos, provocan una inmersión en el espacio que solo admite precisión en la mirada.

Esta obra se asemeja al instante de una detonación orgánica en el que cientos de pequeñas piezas quedaron suspendidas en el aire. Puede pensarse entonces en un bosque fragmentado y aéreo que aborda un ciclo vital hilado con detalle extremo. Por eso el espectador percibe necesariamente un gesto obsesivo en el acto de anudar, trazar, suspender. «Cuando estaba en mi taller y estaba haciendo las redes con las las piedras, me sorprendí que creando una estructura tan aérea, esta se convirtiera en un muro, en algo pesado. Se iba conformando la materia. Tengo la sensación de que la obra es una desmaterialización, como un estado anterior a la existencia, un antes de la materia», dice María Cecilia.

Durante diez días, esta artista preparó la sala en compañía de un equipo de seis mujeres y cuatro hombres que tejieron en la sala y fueron partícipes de la elaboración de esta gran malla. Durante más de un año, María Cecilia preparó el material con la meticulosidad de una taxónoma para guardar las plantas, las ramas, hacer más de mil ilustraciones botánicas, elegir las rocas y limpiar huesos de peces y de una zarigüeya.

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.
Maria Cecilia Botero Merino y sus ayudantes. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

«Con mi obra me gusta sorprender, sobre todo con las cosas que están en el cotidiano; vas caminando por la vida, súper rápido y de pronto el arte hace que vos digás: ay, un momentico. Parás, observás, das otra mirada. Entonces mi llamado es a que se mire el mundo desde otro lugar», concluye Maria Cecilia.

Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.
Maria Cecilia Botero Merino. Fotografía: David Estrada Larrañeta.

 

Las casas de Inger Lise-Kristoffersen

Inger Lise-Kristoffersen Ilustración Laura Ospina

Inger Lise-Kristoffersen utiliza la ilustración como su herramienta artística y cada lugar que ha visitado como insumo para acumular recuerdos y potenciar su arte.

Por Andrea Uribe Yepes
Ilustración: Laura Ospina Montoya

Para la ilustradora nórdica Inger Lise-Kristoffersen (1949) la casa es cualquier lugar donde pueda ser creativa con su trabajo, donde su imaginación permanezca inagotable, activa. Hoy esto le sucede en su casa en Copenhague, Dinamarca –donde tiene dos habitaciones destinadas como estudio y una pequeña imprenta– pero también ha sido en Hong Kong, Colombia y Suecia. De cada lugar suele atesorar recuerdos, colores y pensamientos reales y de mentiras que más tarde –tal vez– alcanzan a ocupar sus ilustraciones, pinturas y grabados que casi siempre terminan en libros pensados para quienes disfrutan leer imágenes.

Inger ha habitado Colombia de muchas maneras. La primera vez que llegó fue cuando tenía 11 años de la mano de su tío. Él era era ingeniero y construía túneles en La Dorada y Rionegro, la trajo a vivir con él y su familia de tres primero a La Dorada y más tarde a Medellín. De esa época recuerda lo que sucedió, con quién se encontró y su vida que era, dice, alegre. Estuvo en el país de 1961 a 1965 pero no se ha ido del todo; eventualmente regresa a eventos y talleres y con la editorial bogotana Caín Press ha publicado El hombre, la mosca y la chica monstruosa (2014) y La chica en busca de su sombra (2019). Colombia es, de alguna manera y por ratos, una de sus casas.

Usted nació en Dinamarca pero muy pequeña se vino a vivir a Colombia, ¿por qué sucedió esto?

Mi madre murió de cáncer cuando yo tenía 6 meses de nacida entonces muy pequeña tuve que irme a vivir con mi abuela, luego con una hermana de mi padre y su familia de cuatro –tal vez el momento más feliz de mi infancia– pero a los 5 años tuve que regresar con mi abuela. Cuando cumplí 11 años un hermano de mi padre, que era ingeniero y no había conocido antes, en medio de una larga cena danesa y algunas cervezas me propuso una aventura: irme a vivir con él y su familia de tres a Colombia. Recuerdo haberle dicho a mis compañeros de clase que iba a viajar a América del Sur y nadie me creyó.

¿Y cómo fue llegar a La Dorada, Antioquia?, ¿qué imágenes recuerda?

Llegué a La Dorada en 1961. Era un pueblo pequeño de caminos polvorientos. Recuerdo que cuando llegué me tocaba únicamente mirar y escuchar porque no hablaba nada de español. Hacía mucho calor, tanto que la ropa de verano que tenía no me sirvió y mi tía me llevó donde una costurera para hacer 3 vestidos sin mangas. Recuerdo también que no podía andar sola por las calles ni jugar por fuera de la casa, aunque mi tío nos llevaba casi todos los días a una piscina que quedaba lejos del pueblo para refrescarnos, allí aprendí a nadar y allí también comí mis primeros tamales, muchas frutas y verduras y pescados. Todo era nuevo y sorprendente para mi. También fue bonito el proceso para aprender español en una escuela donde solo habían dos clases y una maestra.

¿Y tuvo lecciones de arte allí?

Las lecciones de arte consistían en copiar cosas que estaban ya ilustradas en un libro. Traté de pedirle al profesor que me permitiera a mí y a mis compañeros hacer dibujos libres con cosas que salieran de nuestra imaginación, pero no me entendían porque mi español era muy básico. Eso fue muy triste.

¿Cree que algunas de esas imágenes que tiene de La Dorada influyeron en su arte de alguna manera?

No, no utilicé ninguna de mis experiencias de La Dorada o Colombia hasta ahora en mi obra de arte de forma directa. Creo que sobre todo cuando estoy lejos de mi país, más escandinava soy y mi arte también. Pero tengo muchos recuerdos intactos de esa época.

Luego de Colombia se fue a vivir a Hong Kong, ¿allá sí tuvo clases de arte?

Allí viví desde 1965 hasta 1967, cuando Hong Kong era una colonia inglesa. Fui a una escuela de inglés y allí tuvimos la mejor educación de arte, allí dibujé por primera vez con modelos. En arte sacaba las mejores calificaciones y esas clases fueron de gran importancia para mí.

Usted pinta, dibuja y hace grabado, ¿hay una técnica que prefiere?

He probado toda una gama de diferentes técnicas, desde acuarela, acrílico, pintura al óleo, dibujo a tinta, dibujo a lápiz y collages, hasta impresiones gráficas. En la escuela de arte tuvimos una clase de impresión en lino que me encantó. Desafortunadamente, los editores no estaban listos para las ilustraciones de corte de lino en ese momento, incluso ahora es acuarela o dibujo lo que eligen sobre todo en libros infantiles. Si quiere hacer algo fuera de lo común, es a los pequeños editores con los que tiene que ponerse en contacto, ya que están más abiertos a nuevas ideas.

Inger Lise-Kristoffersen La niña en busca de su sombra

¿Por qué le interesó hacer libros para los más pequeños?

La razón por la que hice libros infantiles desde el principio fue que casi no había libros para adultos que debían ilustrarse aparte de los libros de aves, peces e insectos. Ahora es un poco diferente, los ilustradores han comenzado a ilustrar para adultos y la mayoría de los ilustradores también son los escritores. Creo que la razón por la que sigo trabajando con el libro infantil es que puedes usar tu imaginación de una manera más vulnerable e infantil, pero quién sabe con qué trabajaré en el futuro.

¿Cree que tiene un estilo?

Creo que no, pero cuando miro mi arte definitivamente veo que tiene una personalidad reconocible.

Inger Lise-Kristoffersen La niña en busca de su sombra

¿Cuáles artistas o ilustradores suele mirar cuando necesita alimentar sus ojos, inspirarse?

Cuando era joven solía revisar Matisse, Paul Gauguin, Picasso, David Hockney y los surrealistas. Me gustaban los collages de Max Ernst y las películas de Man Ray. Ahora me gusta mirar autores e ilustradores suecos como Elsa Beskow o finalandeses como Tove Jansson o ingleses como Oscar Wilde. Las películas mudas y a blanco y negro son una gran fuente de inspiración sobre todo para mis libros que no tienen palabras como El hombre, la mosca y la chica monstruosa y La chica en busca de su sombra.

¿Tiene un color que prefieras usar o que te obsesione?

No tengo un color favorito, es la obra de arte la que define qué color va a llevar. Pero trabajar solo con blanco y negro, para mí, es alejarse de toda fantasía y ver solo la verdad.

Inger Lise-Kristoffersen La niña en busca de su sombra

 

Carteras migrantes | “Yo hablo con la arcilla“: Lilly Lerner

Voces y carteras. Lilly Lerner. Fotografía de Guillermo Melo

Lilly Lerner es nieta de una inmigrante que llegó a Medellín en 1928 con uno de los primeros grupos de mujeres judías. En su memoria y especialmente la de su madre Jaika, Lilly ha creado una obra llamada Voces y carteras que rinde homenaje a su comunidad a través de la creación de una serie de carteras en arcilla que evocan las voces del mundo femenino, de la vida cotidiana y del acto migrar.

«Entre nosotros los judíos tenemos una organización dentro de la comunidad en la que nosotros enterramos a nuestra propia gente, sin parafernalias, sin nada complicado, simplemente la gente se muere, se limpia y se entierra en una cosa de madera. En esa organización limpian los muertos. Cuando mi mamá se murió, muchas de las señoras, que son señoras elegantes, pusieron su vanidad a un lado, se tomaron sus dos aguardientes, limpiaron el cuerpo de mi mamá y la enterraron. De eso no les puedo decir el agradecimiento que les tengo a ellas. La amistad es más importante que Gucci. Entonces cada una para mí, cada cartera es muy importante, pero para decirle la verdad yo no soy ceramista sino contadora de historias y lo que pasa es que yo simplemente hablo con la arcilla», cuenta Lilly sobre algunas de las razones que inspiraron este homenaje a las mujeres que, dice, moldearon su infancia. Ellas llegaron a Colombia entre 1927 y 1948 y la madre de Lilly fue una de las primeras bebés de este grupo que nacieron en Medellín. Según cuenta Lilly, en ese periodo de tiempo llegaron alrededor de 150 mujeres judías a la ciudad. Su madre y abuela fueron cacharreras en Guayaquil .

Mujeres migrantes Lilly Lerner
Grupo de mujeres judías en Medellín. Esta fotografía hace parte de la exposición Voces y carteras, de Lilly Lerner en el Museo Maja de Jericó | Cortesía Museo Maja de Jericó.

Este tributo tuvo lugar en 2016 cuando en uno de sus viajes a Medellín, su ciudad natal, Lilly decidió ir a los cementerios donde están enterradas estas mujeres y recrear una de las tradiciones judías en las que el visitante deja una roca en la tumba como símbolo de «la memoria y el legado – una manera de demostrar que la memoria del individuo aún vive». En lugar de dejar una roca, Lilly puso estas carteras de arcilla como una forma reflejar en un objeto las historias de estas mujeres.

Voces y carteras. Lilly Lerner. Fotografía de Guillermo Melo.
Fotografía de Guillermo Melo González.

Por eso, estas carteras funcionan en la obra de Lilly como retratos. Todas son diferentes y cada una conserva la historia de vida, que además Lilly escribe, de una mujer migrante. Para el curador de esta exposición, Saúl Álvareza Lara «es la representación de las carteras que llevaban a todas partes: a las visitas, al trabajo, a las reuniones de amigas, a los paseos y las identificaban, Lilly Lerner recuerda a su madre, a sus tías, a las amigas de su madre; recuerda la multitud de voces que viven, hablan, ríen o lloran. Voces  y carteras que son el retrato de ellas, de un momento, de una comunidad».

«Ellas eran jóvenes cuando llegaron. Cada una me contó una historia y no solamente a mí. Si usted piensa en su propia historia hay alguien que carga una cartera y le cuenta una historia. Y es una historia universal, es una historia de la sobrevivencia y del sobreponerse», concluye Lilly.

Esta exposición estará en el Museo Maja de Jericó hasta el 26 de mayo de 2019.

Homo Logo Ludens se expondrá en el Maja

Alfredo Luis Velásquez Elorza

Una serie de 18 obras de collage del artista Luis Vásquez Elorza se expondrá en el Museo MAJA desde el mes de abril. Otros cuatro artistas también inaugurarán la muestra general con pintura, fotografía, instalación y cerámica.

Artefactos, máquinas e invenciones humanas hechas a partir de libros; recortes de personajes de obras del arte bizantino y pinturas de flores tomadas de estampados textiles, componen una serie de 18 piezas del artista Luis Vásquez Elorza las cuales  estarán disponibles al público en el Museo de Antropología y Arte de Jericó —Maja— entre el 6 de abril y el 26 de mayo de 2019.

Luis Vásquez Elorza es maestro en Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia. Su obra es fundamentalmente política y social y el uso que hace de los materiales y de las técnicas, mixtas en su mayoría, evidencian una búsqueda constante de mensajes potentes. En particular, esta serie de collage, iniciada en el 2016, propicia reflexiones en torno al uso de la tecnología, el conocimiento y su ética. Homo Logo Ludens quiere decir El hombre que juega con el conocimiento. Según su autor, “una condición que caracteriza a los individuos de nuestra especie, quienes autoproclamados en la cúspide de la cadena trófica y custodios de una vasta herencia de saberes y conocimientos, sigue esclavo a los más básicos y egoístas impulsos a la hora de ser consciente de  su actuar en el contexto colectivo”.

Estas creaciones exploran entonces, a través de un contraste sutil entre materiales y conceptos, la idea de una humanidad que a pesar de la capacidad creativa la cual le ha permitido desarrollar medios, herramientas y procesos para conocer e ir más allá de sus sentidos, pareciera estancarse en impulsos más viscerales: el egoísmo, la banalidad y la avaricia.

De esta manera, explica el artista, y amparado en discursos creados en otros tiempos y poco actualizados a la presente realidad social y natural, en instituciones, corporaciones y líderes quienes abanderan sus acciones en defensa de intereses que benefician a un grupo cada vez más pequeño de la colectividad, revela una serie de efectos contrarios que a la larga puedan acarrear en el más amplio sentido de la vida.

Es así como Vásquez Elorza aborda los discursos políticos actuales pero desde las paradojas: la “búsqueda” de la paz a través de la violencia, una “democracia” monopolizada y perseguidora de la diversidad de pensamiento, la promoción de la idea del eterno crecimiento económico en un planeta con recursos limitados.

La actualidad y los hechos que nos rodean, culturales y naturales, son el insumo que este artista tiene para plasmar su  comprensión del momento histórico que afrontamos como habitantes de este planeta. “Ser conscientes de ello puede significar la diferencia entre la construcción de una existencia equitativa y justa, acorde y consecuente con el autoproclamado lugar que ocupa nuestra especie en la cadena de la vida” concluye.

Esta obra fue ganadora de Estímulos a la creación en 2016 del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia. Además ha sido expuesta en laFundación Diego Echavarría Misas de Itagüí en el 2016, en el Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal, Medellín en 2017; y en el Museo Universitario Universidad de Antioquia —MUUA— en 2018.

Día Internacional de la Mujer: una historia marcada por luchas y reivindicaciones de libertad

Día de la mujer Jacom

Hoy, 8 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, hacemos un recorrido histórico por la consecución de sus derechos, desde la primera Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, hasta los actuales mecanismos legales de protección.

Texto por Carolina Sánchez Álvarez
Ilustraciones por Laura Ospina Montoya

Este proceso histórico, lleno de luchas y reivindicaciones en pro de la igualdad y la libertad, ha sido posible gracias a la consolidación de un movimiento social pacífico que ha venido evolucionando y creciendo conforme la sociedad se va haciendo más consciente de estos dos preceptos inamovibles que, valga la pena decir, no son exclusivos para las mujeres.

Y como bien se evidencia en este recorrido, se han hecho esfuerzos para fortalecer los marcos legales de protección a la mujer, pero falta no solo seguir avanzando en normas que propendan su libertad, sino además en la aplicación de las ya existentes. Y tal vez es aún mayor el reto en las otras esferas como la social, política, económica y, sobretodo, cultural, en cuanto a la discriminación y la violencia contra la mujer.

A 62 años de las mujeres haber obtenido el derecho al voto en Colombia, su representación en la política sigue siendo insuficiente al ser solo el 19,7% de congresistas y el 17% en asambleas departamentales, el 18% de los concejos municipales, 12% en alcaldías y el 15% en gobernaciones, como señala la ONU en su informe El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos.

“En 1991 el promedio de mujeres electas a Senado y Cámara era 7,7% y de 20.3% en 2018 (…) en resumen, el aumento de su representación en el Congreso ha sido tan solo del 15.7%, lo que, si bien es un incremento, sigue siendo demasiado lento e insuficiente”, continúa.

Y si bien para contrarrestar este fenómeno se instauró la Ley de Cuotas, esta sigue siendo poco efectiva, y tiene, además, muchas críticas desde los movimientos de mujeres por no responder a las demandas reales que se hacen para ampliar el espectro de representación de la mujer, y entender esta como una simple “cuota política”.

En el campo de la economía, por su parte, la participación laboral de las mujeres pasó del 46% al 54% entre 2008 y 2012, y se ha estancado en este porcentaje hasta hoy. Con relación a los hombres,  la brecha supera los 20 puntos porcentuales según, cita la ONU en el mismo informe, revela el Dane en el último censo del país. Por el contrario, continúa el documento, en términos de acceso a la educación, “entre 2006 y 2017 casi se duplicó la participación de la muer, pasando de 32.8% a 58.5%5 . Para 2016, 6 de cada 10 mujeres entre los 17 y 21 años estuvo matriculada en una institución de educación superior, frente a 5 de cada 10 hombres”.

 

La violencia contra la mujer

Actualmente, una de las luchas más persistentes en el mundo es la erradicación de todo tipo de violencias contra la mujer, que, como bien explican las Naciones Unidas, son diversas y perpetradas por todo tipo de actores. Y si bien desde 1981 el Derecho de las mujeres a vivir sin violencia está consagrado en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), y en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las Mujeres este sigue siendo un problema de dimensiones globales.

En Colombia, 4.2 millones de mujeres fueron víctimas del conflicto armado Según el Registro Único de Víctimas (RUV), de las cuales 3’780.677 de ellas fueron víctimas de desplazamiento; 458.781, víctimas de feminicidios; 191.784, de amenazas; 77.100, de desaparición forzada; 47.627, de pérdida de bienes muebles o inmuebles; 40.231 son víctimas de actos terroristas, atentados, combates y hostigamientos; y, 17.350 víctimas por violencia sexual.

Sumado a esto, el 24 de noviembre de 2018, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, Medicina Legal presentó un informe en el cual revelaba que para la fecha se habían presentado 103.481 casos de violencia de género, entre las que se destaca la violencia perpetrada por la pareja con 35.894 casos, seguida de la violencia intrafamiliar con 33.372 casos.

 

El camino continúa: las reivindicaciones de hoy

Actualmente una de las más fuertes demandas de los grupos de mujeres es el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y gozar integralmente de sus derechos reproductivos. En este sentido se han venido haciendo movilizaciones en el mundo para la despenalización del aborto en todos sus casos, como sucedió en Argentina durante el año pasado cuando un movimiento ciudadano muy fortalecido presionaba a al Senado para que aprobara, en un séptimo intento, la ley del aborto en este país, que finalmente no vio vía legal por una votación de 38 votos frente a 31.

Sumado a esto, han surgido iniciativas globales apoyadas en las redes sociales y en movilizaciones ciudadanas simultáneas que buscan visibilizar las problemáticas que enfrenta la mujer de hoy y concientizar a la sociedad de ellas. Este es el caso de #metoo o #niunamenos que se tomaron las redes con el fin de denunciar los abusos y acosos a los cuales han sido sometidas las mujeres por años y, normalmente, en silencio; con el propósito de seguir denunciado la violencia de género. O lo sucedido en enero de 2017 en Washington cuando medio millón de personas salieron a marchar contra los comentarios machistas del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, acompañada de marchas que sucedieron el mismo día en otras ciudades del mundo.

Y es que hoy en el mundo cada vez tienen más fuerza los movimientos feministas que propenden por una igualdad real de género y la eliminación de todas las violencias estructurales contra la mujer; pues al contrario de lo que se pueda pensar y a pesar del avance que han tenido los derechos de la mujer, falta un largo camino por recorrer y las reivindicaciones son muchas aún.

 

 


Referencias usadas para la elaboración de este artículo

El progreso de las Mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los Derechos. ONU Mujeres – Entidad de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. 2018. En línea:

http://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20colombia/documentos/publicaciones/2018/10/onu%20mujeres%20-%20libro%20progress.pdf?la=es&vs=1830

Congreso de la República

Constitución Política Colombiana

Corte Constitucional

La política de género en el Estado Colombiano: un camino de conquistas sociales. Peláez Mejía Margarita María; Rodas Rojas Luz Stella. Editorial Universidad de Antioquia, 2002.

Naciones Unidas http://www.un.org

ONU Mujeres.  Timeline. En Línea:

http://interactive.unwomen.org/multimedia/timeline/womenunite/es/index.html#/1980

 

Bomarzo, una casa que congrega arte, cultura e historia

Bomarzo Jericó

Bomarzo es un centro cultural y de circulación de arte que llegó a Jericó por casualidad, pero que sin saberse era esperado por años. Este lugar espera convertirse en el epicentro del arte en el Suroeste antioqueño y salvar la historia que conservaba una casa vieja de Jericó, La Casa de la Joven.

Por Juliana Palacio
Ilustración: Laura Ospina Montoya

Bomarzo es un espacio que, apoyado en una convicción de mecenazgo, se convirtió en un refugio que busca acoger y congregar artistas que vean en un mismo lugar: un hogar, un taller y una galería. De este modo, las instalaciones se dividen en dos plantas: en la planta alta encontramos 35 salones, de los cuales unos se prestan para ser dormitorios de los artistas y otros, sus talleres.  Ellos no deben pagar por hacer uso de estas instalaciones. ¿Cómo se financia entonces Bomarzo? En la planta baja del centro cultural se encuentra toda la actividad comercial que hace posible el sueño que hace un año y medio empieza a hacerse realidad para Fernando Fernández, artista que da vida a Bomarzo. Así, en en el primer piso encontramos una librería de libros usados que son prestados dentro de las instalaciones, pero que también se encuentran a la venta; además, hay un espacio de cine arte, una galería donde todas las obras están a la venta—, un café, una dulcería, un bar, entre otros puntos comerciales que además de financiar el proyecto rescatan también la cultura alrededor de la cocina, el café y la dulcería que caracteriza el pueblo jericoano.

Además de ser hogar de artistas y lugar de divulgación del arte, Bomarzo es un centro cultural en todo el sentido de la palabra. Los artistas que allí se congregan asumen un papel social y educativo con la comunidad jericoana, pues dando uso a las instalaciones de Bomarzo, orientan talleres artísticos y formativos que apuestan a la potencialización del espíritu artístico de los jericoanos. Su apertura al público y al aprendizaje hace que Bomarzo se convierta en el centro cultural más importante de Jericó con extensión hacia el Suroeste de Antioquia.

Bomarzo Jericó
Bomarzo Jericó, Antioquia. Foto: Carolina Sánchez.

Dentro de las proyecciones que tiene Fernando Fernández se encuentra la posibilidad de crear alianzas con diferentes entidades, para así poder en un momento dar un apoyo salarial a los artistas alojados en Bomarzo. También espera poder brindar diferentes clases gratuitas a la comunidad jericoana orientadas por los residentes del centro, para que así, compartan con la municipalidad sus conocimientos artísticos.

¿Cómo llega Bomarzo a Jericó?

Fernando Fernández, un artista oriundo del municipio de Fredonia, Antioquia, cuenta que “andaba con su trapito tocando puertas”, pero mientras alcanzaba más éxitos no dejaba de ser consciente que varios de sus colegas, también talentosos, no habían contado con la misma suerte. Por esto decidió inaugurar la galería Arte Latino en la ciudad de Medellín. Esta buscaba recibir los cuadros de sus colegas y darlos a conocer, siendo así un apoyo para el posicionamiento de nuevos artistas. Con el paso del tiempo abrió también la Galería Cibeles y posteriormente Mundo arte | Galería.

Mientras tanto, en Jericó, Antioquia, un municipio ubicado a tres horas en carretera de Medellín, pese a ser patrimonio arquitectónico de la nación y ser la casa y cuna de la Santa Madre Laura, estaba a punto de perder una de sus instalaciones más emblemáticas: La Casa de la Joven, que con el paso del tiempo y sin que alguien limpiara el polvo y reparara las grietas, estaba determinada a un futuro nefasto pues no se contaban con los recursos para reconstruirla. Esta casa, que cuenta tantas historias jericoanas y que recibió con calor a las mujeres campesinas que querían estudiar en el pueblo y luego recibió cientos de niños y jóvenes para acompañarles en diferentes actividades culturales y formativas, estaba destinada a ser en el peor de los casos un terreno gris y baldío, un parqueadero.

Desde Medellín, el espíritu mecenas de Fernando Fernández no para y se incrementa cuando, inspirado en el libro Bomarzo del Argentino Manuel Mujica, se plantea un proyecto que parece ser ambicioso: instaurar un Bomarzo que, como en el relato pero a pequeña escala, sirva de hogar, taller, y galería para diferentes artistas del país que necesitan apoyo para posicionarse como él lo hizo en su momento, pero que a su vez sea una espacio de promoción cultural.

 

Jericó tuvo su primer Hay Festival

Por Paula Carolina Sánchez

El viernes 25 de enero llegó el día que había generado tanta expectativa entre muchos jericoanos durante toda la semana. En el parque principal del municipio se aglomeraron 750 personas, visitantes y locales, para presenciar la proyección de Jericó, el vuelo infinito de los días, y escuchar a su directora Catalina Mesa conversar con algunas de sus protagonistas, que constituían el evento inaugural del Hay Festival Jericó, que por primera vez se realizaba en el pueblo.

La expectativa no era para menos. La ocupación hotelera estaba al máximo desde varios días antes, los restaurantes y cafés contrataron personal extra para atender a todos los visitantes y las personas del pueblo veían como se levantaban en el parque una gran tarima y dos bibliotecas móviles de Comfama que tuvieron todo el fin de semana actividades y lecturas para los más pequeños del municipio. Todos hablaban del Hay Festival.

Y es que este evento a nivel mundial, que nació en Gales con el interés de encontrar en un mismo espacio literatos, músicos, cineastas y diferentes personalidades del mundo académico, ya se expandió a países como  México, Italia, Brasil, España, Perú y Colombia. En nuestro país se realiza actualmente en Medellín, en Cartagena de Indias y, este año por primera vez, en el municipio de Jericó apoyado principalmente por Comfama.

LLegado el día, la acogida no decepcionó. Durante todo el fin de semana 4.100 asistentes acudieron a las charlas que tuvieron lugar en el Teatro Santamaría y en el Museo Municipal MAJA, que agotaron su boletería días antes del evento, y por supuesto tuvieron lleno total y hasta personas afuera de los auditorios buscando poder comprar alguna entrada para escuchar a Carlos Magdalena, reconocido bótanico del Kew Garden, hablando sobre su libro El Mesías de las plantas que narra sus experiencias recorriendo el mundo en busca de plantas olvidadas a punto de la extinción; a Juan Gabriel Vásquez conversando sobre la importancia de la ficción, especialmente el cuento, en la recuperación de nuestra historia como país a propósito de su libro Canciones para el incendio; o a Pilar Quintana y Santiago Gamboa que le contaron a su público cómo enfrentarse a la hoja en blanco a la hora de escribir.

El sábado compartieron con los asistentes otros invitados como Héctor Abad Faciolince contando cuáles fueron los libros que lo marcaron como literato, el portugués Jerónimo Pizarro quien conversó con Luisa Restrepo sobre todo el proceso de un libro hasta su producto final, y Vlado quién con Pascual Gaviria comentaron acerca de Cuando la realidad supera a la sátira y al humor.  

Durante la jornada se realizaron además varios talleres y conversatorios dirigidos exclusivamente al público escolar del municipio de Jericó.

Finalmente fue el grupo Puerto Candelaria el encargado de reunir 2.600 personas en el parque principal, a quienes les brindaron un espectáculo musical durante dos horas que cerró el día satisfactoriamente.   

El domingo, en una jornada de medio día, los asistentes escucharon en el Museo Municipal MAJA hablar sobre Aquellos años del Boom, el grupo de amigos que lo cambiaron todo al periodista español Xavi Ayén en conversación con Juan Diego Mejía, y La voz de las mujeres en el periodismo a cargo de las periodistas Sabrina Duque y Paula Jaramillo.

Mientras tanto, en el Teatro Santamaría, la poesía abría el día con Horacio Benavides en conversación con Lucía Donadío quienes conversaron sobre la importancia de este género literario, seguido de una conversación entre la chilena Alejandra Costamagna quien habló con Mónica Quintero sobre su libro El sistema del tacto, que evoca historias de desarraigo, y finalmente cerró este Hay Festival Jericó Jorge Orlando Melo, que con sus Historias Mínimas de Colombia, libro ya considerado un texto biográfico de nuestra historia, le habló a los asistentes en compañía de Saúl Álvarez sobre los hallazgos encontrados en él.

Días después aún se comenta sobre lo que fue esta primera versión del Hay Festival Jericó, los buenos números que generó para el comercio sobretodo hotelero y gastronómico, y la importancia de seguir fomentando en un municipio históricamente marcado por la cultura, la literatura y las artes, la presencia de este tipo de eventos. Mientras se viene la espera por la ya anunciada segunda versión del Hay Festival Jericó para 2020, Jericó vuelve, poco a poco y como bien lo ha recordado Carolina Mesa, al vuelo infinito de sus días.

¿Cómo recibieron los jericoanos el Hay Festival ?

 

El reino de las apariencias

The Smiling Lombana, de Daniela Abad 

Escrito por Daniel Mateo Vallejo

 

Mientras compraba mi entrada para ver The Smiling Lombana, una mujer que me seguía en la fila le preguntaba a su acompañante por la directora de esta película: “es de una directora colombiana”, fue todo lo que logró saber antes de ingresar a la sala en donde se proyectaría el segundo largometraje de Daniela Abad Lombana, directora de cine nacida en Torino, Italia, quien estudió en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña. Su filmografía va desde cortometrajes de ficción como Padre nuestro (2015) y La cama (actualmente en postproducción), hasta sus dos largometrajes Carta a una sombra (2015, codirigido con Miguel Salazar, cuyo estreno le otorgó dos premios en el Ficci) y The Smiling Lombana (2018, obra con la que dicho festival inauguró su versión 58). Daniela actualmente reside en Medellín, donde se ha desempeñado también como productora, y junto a la directora Laura Mora y su hermano, el artista visual Pablo Mora, Mirlanda Torres y Manuel Villa conformaron la emergente casa productora La Selva Cine.

Aunque no es nada subestimable la influencia de sus abuelos, Daniela, con sus dos largometrajes documentales (el primero inspirado en la vida y muerte de su abuelo paterno, Héctor Abad Gómez, maestro provida cuya voz fue acallada por opositores a su visión, y el segundo, siguiendo los pasos de su abuelo materno y esa casta de artistas Lombana), toda su filmografía es prueba de que sus apellidos no le hacen sombra cuando de talento se trata, pues su trabajo revela sentido crítico y sensibilidad para transformar su mirada sobre acontecimientos familiares en un espejo en el que ha sabido reflejar muy bien esa sociedad en la que ha crecido; así que hay pues mucho más por qué reconocerla y celebrarla.

Cuando tenía once años, Abad conoció por primera y única vez a su abuelo materno, Tito Lombana, quien en su lecho de muerte, le entregó a ella un sobre que contenía un fajo de dólares; este es el punto de partida de lo que aparentemente es un relato cronológico de la vida y obra de un artista plástico innato, narrado por su nieta; digo aparente, pues a medida que avanza el recuento de los viajes y las personas que llegan a la vida de Tito, capa a capa, se va develando un tema más global que absorbe la historia de este escultor, e incluso la de toda una sociedad y una ciudad desde la década de los setenta: la ambición por las cosas y el éxito a toda costa.

The Smiling Lombana no es solamente la historia de un hombre, ni de una familia, sino que, más bien, indaga acerca de las consecuencias de esa necesidad de ostentar riqueza y poder, sin importar los medios; mal tan arraigado en el espíritu de aquellos hombres impacientes que cimentaron un estilo de vida en nuestro país a través de la mafia y el narcotráfico, el cual rápidamente invadió y se propagó a lo largo y ancho de Colombia, invadiendo hogares y corazones. Este documental es un esfuerzo fallido, tal vez, por encontrar respuestas claras de la enigmática vida de su abuelo, pero sin duda es una pieza contundente y estimulante en la que podemos reflejarnos y pensarnos como sociedad.

 

 

Con un material de archivo familiar tan cautivante como el uso de la música y la esponteneidad y fuerza de los testimonios de su abuela Laura y su tía Mónica, Daniela ensambla el seguimiento de la vida de su abuelo, permitiéndonos entender cómo paso a paso, país por país, de familia en familia, al mejor estilo crónico de un Corleone, este hombre fue moldeando su vida y tallando cuidadosamente una doble vida que más adelante, al descubrirse su secreto, le costaría el amor de su esposa, la cercanía de sus hijas e incluso lo privaría de la libertad por más de un año en Estados Unidos.

Daniela Abad ha sabido aprovechar con destreza sus historias familiares que resultan tan inspiradoras, pero crudas y violentas a su vez, por un lado, con el recuento de la vida y trágica muerte de su abuelo Héctor Abad Gómez, a través de su familia; y ahora, este cautivador intento por desenmascarar a esa figura pública que fue Tito Lombana, el hombre que generó grietas y dolor en su familia materna al sobreponer el aprecio por lo material y ese insaciable deseo por el dinero fácil y rápido que el arte no le estaba generando, antes que la tranquilidad y estabilidad con su familia. También ha sabido tomar la distancia justa de los hechos y personajes que han atravesado y marcado su vida, para extraer muchos más matices de lo que pudo ser meramente anecdótico; su mirada a través del documental ha logrado potentes narraciones, y no deja más que expectativa por sus siguientes búsquedas, donde quizá su bagaje familiar quede relevado o un reenfoque inspire nuevas narrativas y diálogos sobre lo bello y trágico, al mismo tiempo, que puede ser crecer y vivir en una ciudad como Medellín; en un país como el nuestro, donde reina el valor de las cosas y la imagen social impoluta sobre la transparencia y la vida misma.

 

Las manos de Manuel Mejía Vallejo

Manuel Mejía Vallejo dibujante

Andrea Uribe Yepes

El escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo tenía un impulso innato a hacer oficios manuales; el dibujo y la talla hicieron parte de su rutina.

Manuel Mejía Vallejo nació en Jericó, Antioquia, el 23 de abril de 1923. Las montañas de la tierra en la que creció y las imágenes de ríos brumosos que bajaban de la Cordillera Central fueron inspiración para su literatura y las guías para lo que hacían sus manos. Aunque su  quehacer artístico estuvo siempre vinculado a la escritura, su formación y su cotidianidad estuvieron encaminados a las bellas artes y las artesanías. De su origen montañero, que lucía con orgullo, se trajo la contemplación, su amor por las fincas acompañadas de buena música y mucho ron y la necesidad imperiosa de usar sus manos y volcarlas en diferentes oficios; él escogió tallar juguetes y dibujar.

Dibujo de animales. Manuel Mejía Vallejo.
Dibujo de animales. Manuel Mejía Vallejo. Archivo Biblioteca Pública Piloto. BPP-D-MMV-0231

Su familia estuvo siempre en contacto con el ejercicio artístico. Su hermana Rosana fue una reconocida ceramista que llegó a ganar varios premios de arte nacionales, su mamá tuvo acercamientos a la cerámica y a la pintura y su tía Jesusita Vallejo fue una gran pintora. Desde niño tuvo contacto con prácticas estéticas y eso hizo que luego de terminar el colegio en Medellín, en 1943 se inscribiera a la carrera de Bellas Artes para estudiar dibujo y cerámica. Con lo que no contaba era que su madre entregara la novela La tierra éramos nosotros al grupo de los Panidas encabezado por León de Greiff, que fuera publicada y que esto cambiara su camino para siempre.

Esto, sin embargo, no significó que dejara el impulso manual. En la casa que compartió con su esposa e hijos en el centro de Medellín, donde nunca faltaba la Coca Cola para el ron y el arroz para las tortolitas, llegaba algunos días un modelo que se ubicaba en el patio, que era el epicentro de la casa, y era retratado por Manuel y algunos de sus amigos como Óscar Jaramillo y Elkin Restrepo y su suegra Dora Ramírez, reconocida pintora antioqueña, cuenta su hija Valeria Mejía.

 

Estas tertulias fueron parte de sus actividades habituales al tiempo que se consagraba como uno de los escritores más importantes de la narrativa colombiana contemporánea. Los numerosos cuentos y poemas acompañaron a novelas como El día señalado con el cual ganó el premio Nadal en 1963, Aire de Tango con la cual recibió el Premio Bienal de Novela Colombiana en 1973 y La casa de las dos palmas que lo hizo merecedor del Rómulo Gallegos en 1988.

Le gustaba más dibujar que la pintura y la acuarela y apreciaba las formas simples; pensaba que lo fascinante del dibujo era el trabajo de síntesis: “quitarle a la realidad todo lo que sobra y dejar lo esencial”, recuerda su amigo Luis Fernando Macías. Su línea era cuidada y fina y tenía cierta fascinación por los desnudos de mujeres que resolvía con un pulso seguro y firme.

 

Aunque su pulsión creativa siempre estuvo más volcada a la escritura y su angustia permanente respondía más a la página en blanco que al lienzo crudo, ambas prácticas se complementaban y nutrían su imaginario. Ambos usaban la observación y la atención al detalle y ambos retrataban la realidad filtrada por una mirada leída, culta y siempre asombrada frente a la cotidianidad y la belleza.

Esta inclinación al dibujo no se inmiscuye como tema en su obra literaria, pero sí le fue útil. Hizo varias carátulas de libros con un trazo sencillo y se recuerda especialmente la portada del poemario Soledumbres; un azul brillante se interrumpe con el título y el crédito y en una esquina se asoma en trazo blanco delgado una mujer desnuda que mira una ventana.

Manuel Mejía también fue muy buen tallador. Cuando estudió Bellas Artes había tomado cursos de tallado de madera y dentro de su grupo de amigos estaban escultores como Edgar Negret, Oscar Rojas, José Horacio Betancur y Rodrigo Arenas Betancourt. Sus creaciones no tenían una pretensión tan rimbombante ni profesional como las de sus amigos, sino que se limitaban a crear juguetes en balso.

 

La única tarjeta de presentación que tuvo, regalo de Juan Luis Mejía, decía en letra mayúscula sencilla en color negro: MANUEL MEJÍA VALLEJO, INVENTOR DE JUGUETES, y estaba decorada con un dibujo de un caballo mecedor. Sobre todo era un apasionado por los mecanismos; le gustaba pensar en maneras ingeniosas de hacer que sus juguetes se movieran.

Dicen, que se sentaba sobre cualquier banco y tomaba pedazos de balso y los comenzaba a tallar con una navajita que mantenía en el bolsillo. Los diseños eran rústicos y modestos pero siempre con una idea específica detrás que hablaba de él y sus pensamientos. Muchos de los juguetes que hizo eran maromeros y doble maromeros: los amantes que al juntarse se besan, los gallos que pelean, boxeadores que se dan puños y toreros. Según su ex esposa Dora Echeverría, para él los juguetes eran una analogía a su pensamiento: “él tenía la visión que somos muñecos de Dios, que aunque tenemos la sensación de poder controlarlo todo, hay alguien que jala las cuerdas y define cada movimiento, como lo hacen las manos de alguien con los maromeros”.

Su fascinación con los juguetes no era únicamente en tallarlos; también solía coleccionarlos. Las figuras precolombinas, las cerámicas de Boyacá y pequeños jugueticos de diferentes técnicas artesanales eran un deleite para él. Dora Echeverría recuerda que cada que viajaban, una parada obligada eran las plazas y mercados para buscar juguetes artesanales y muñequitas para su curiosidad. Eran atesorados por él y jugados por sus hijos.

Aunque Manuel solía compartir con sus amigos y su familia las actividades que hacía, estas en las que utilizaba sus manos eran también una forma de meterse en sí mismo, una especie de meditación en la que se conectaba con sus orígenes campesinos a través del hacer y que hacía que su imaginación estuviese activa y dispuesta siempre a materializar.

Manuel Mejía murió un 23 de julio cuando tenía 75 años. Sus cenizas están en un árbol en Ziruma, la que fue su finca en El Retiro, Antioquia. Ojalá ese árbol permanezca en pié y si alguna vez se cae, que se haga con su madera juguetes que nos hablen de la vida y papel para retratarla.

Páramo del Sol, un recorrido por las altas montañas

Frailejón Páramo del Sol Urrao Antioquia

Ricardo Castro Cano

Esta es una galería que muestra un recorrido por uno de los más bellos e importantes ecosistemas del suroeste antioqueño. Se trata del Páramo del Sol que está ubicado sobre la Cordillera Occidental entre los municipios de Urrao, Caicedo, Abriaquí y Frontino en Antioquia. Es considerado una de las estrellas hidrográficas más importantes de la Cordillera Occidental en el abastecimiento de agua de los departamentos de Antioquia y Chocó, puesto que allí nacen algunos de los afluentes del los ríos Atrato, Sucio y Cauca. 

Por eso, hemos elaborado una muestra fotográfica de las especies de aves y plantas más importantes que habitan este lugar con la ayuda de Juan Luis Parra y Fernando Alzate Guarín, docentes e investigadores del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia y especialistas en avifauna y plantas de páramo.

 

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